domingo, diciembre 10, 2006

Voracidad atunera


PREOCUPACIÓN DE LOS CONSUMIDORES NIPONES POR LA MERMA DE PESCADO
• Los organismos internacionales intentan frenar la disminución de la población mundial de atunes
• Las medidas pueden cambiar los hábitos alimentarios de los japoneses
JORDI JUSTE KIOTO
Es muy improbable que los japoneses renuncien voluntariamente a una de las delicias de su gastronomía, los filetes crudos de toro, el vientre graso de los atunes. Sin embargo, las noticias que llegan sobre los mercados pesqueros y sobre la población mundial de atunes rojos apuntan a que cada vez son menos los peces y más los humanos ávidos de comérselos. El problema ha llevado a diversos organismos internacionales a dar la voz de alarma, y ya se han tomado medidas que pueden afectar a corto y medio plazo los hábitos alimenticios de los japoneses.
Reducción de capturas
En octubre, la cuota de atunes que Japón puede pescar en el Pacífico sur fue reducida a la mitad, y el pasado 26 de noviembre la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) decidió en Dubrovnik (Croacia) reducir un 20% las capturas totales en la zona, que incluye el este del océano Atlántico y el Mediterráneo; una medida ridícula según los conservacionistas. "Es un plan de hundimiento, no de recuperación, y una burla al trabajo de los científicos. La UE ha traicionado su obligación de gestionar de manera sostenible las pesquerías a favor de los intereses a corto plazo de su propia industria atunera", declaró Sergi Tudela, representante de la asociación de defensa de la naturaleza WWF-Adena.
Aproximadamente la mitad del atún que se pesca en el área se exporta a Japón, que consume una cuarta parte de las capturas mundiales de este pez. A pesar de la voracidad atunera de los japoneses, sus autoridades adoptaron en Dubrovnik una actitud mucho más proteccionista que la de la UE. "Tenemos que llegar a un acuerdo sin falta. Los recursos mermarán si la situación se mantiene", reconoció el representante nipón, Katsumasa Hanafusa, frente a la oposición comunitaria a reducir cuotas.
Una porción sustancial del atún que se come en Japón (un 20% de las importaciones) proviene de las costas españolas, donde los peces capturados en el Mediterráneo oriental son engordados en jaulas hasta alcanzar el tamaño ideal. WWF-Adena ha denunciado que este método escapa a los límites de capturas. Sin embargo, tener a los atunes encerrados es ideal para que desarrollen desproporcionadamente sus grasientos vientres y hagan así las delicias de los sibaritas nipones.
La presión comercial sobre el mar no es nueva ni limitada a los atunes, pero estos son la imagen de unos recursos menguantes que hay que repartir entre un número creciente de consumidores. La crisis en el consumo de la carne, provocada entre otros motivos por la enfermedad de las vacas locas y la gripe aviaria, ha disparado el consumo mundial de pescado. A esto hay que añadir el crecimiento económico chino, que ha generado una población con poder adquisitivo para emular a sus vecinos.
Grandes consumidores
Los japoneses son grandes consumidores de pescado desde tiempos ancestrales. No solo son una nación isleña, sino que durante siglos vivieron siguiendo el precepto budista de evitar comer carne. Desde el siglo XIX su consumo no ha dejado de aumentar, pero el pescado sigue aportando más de un tercio de las proteínas de los japoneses. Uno de cada diez pescados capturados en el mundo se come en el archipiélago y la media de consumo por persona es de casi 70 kilos al año (menos de 40 en España).
Las recientes noticias sobre el atún han sorprendido a muchos japoneses, que ignoraban que uno de sus manjares favoritos pudiera estar en peligro de extinción a medio plazo. En cualquier ciudad de Japón se pueden encontrar numerosos restaurantes de sushi donde dos generosas porciones de atún crudo con arroz en vinagre cuestan menos de un euro. Los precios de los productos del mar en las pescaderías han subido moderadamente en los últimos años, pero, a pesar de la dramática situación en los océanos, la oferta sigue siendo abundante y no se percibe en los consumidores una urgencia por moderar su apetito.

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