miércoles, mayo 28, 2008

Lentejas con chorizo en el corazón de la ciudad

Vicente García en El Castellano. JJuste
En los últimos años, la cocina española en Japón ha sido noticia por las estrellas Michelin logradas por los restaurantes Sant Pau y Ogasawara en Tokio, o por los proyectos gastronómicos del cocinero catalán Josep Barahona. Sin embargo, paralelamente a los triunfos de la cocina de autor, se ha ido consolidando un mercado para la gastronomía española tradicional, los vinos españoles se han ganado un espacio y el jamón ibérico ocupa ya un lugar en el vocabulario culinario de muchos japoneses. Además, desde hace tres décadas, no han dejado de multiplicarse por todo el país los restaurantes con cocineros japoneses o españoles y con el sabor más o menos adaptado al paladar japonés; Jamón-Jamón, El Poniente, Sábado Sabadete o Casa7 son ya clásicos entre los aficionados locales.
Pero, entre todos los restaurantes de cocina tradicional española, destaca por su solera El Castellano, que hace 31 años se convirtió en el primero regentado por un español. Corría el año 1977, España acababa de salir de la dictadura y todavía faltaba mucho para que se produjera el boom de lo español, que llegaría a su máxima expansión en 1992. Vicente García, un joven profesional de la restauración salido de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), decidió desafiar a los que no veían futuro a los pucheros castizos en Japón.
"Me dijeron que no iba a tener éxito porque los japoneses no comían garbanzos, ni lentejas, ni conejo..., y yo dije que perfecto, que así no tendría competencia. La verdad es que los japoneses no comían nada de eso porque no había. Se trataba de ir educando su gusto", explica Vicente, que se toma tan en serio su empeño pedagógico que se niega a servir whisky con agua o café durante la comida.En cuanto a los ingredientes, él nunca ha tenido problemas. Dice que todo es cuestión de relacionarse y saber negociar con los proveedores y si de algo no hay, se crea, como hizo con un socio japonés cuando decidieron producir jamón serrano, chistorra, morcilla o salchichón, aquí, en Japón.
"La clave del éxito es ser tú mismo y ofrecer lo que podría encontrar un japonés que fuera a comer a casa de un amigo en España", añade antes de declararse a años luz de la comida que ofrecen el Sant Pau, el Ogasawara o Barahona, de quien lamenta que siguiera la estela de Ferran Adrià en lugar de mantenerse fiel a la cocina tradicional catalana que ofrecía en sus primeros años en Japón.
El Castellano es un mesón decorado con muchos de los atributos de la iconografía típica española, donde no pueden faltar el flamenco, los toros, ni la tuna. Está en un segundo piso de un pequeño edificio de oficinas, en una de las zonas más apreciadas de Tokio, entre Shibuya, la meca de la moda juvenil asiática, y la calle Omotesando, donde se suceden las tiendas de las marcas más prestigiosas del mundo. Según Vicente, entre sus clientes hay extranjeros residentes en la capital, aunque la mayoría son japoneses (sobre todo mujeres) y famosos de paso, como el bailarín Antonio, el escritor Fernando Sánchez Dragó, el levantador de piedras Iñaki Perurena o el expresident Jordi Pujol.
Vicente García con un cocinero. JJuste

martes, mayo 20, 2008

Sushi bajo los cerezos en flor

Picnic en un parque de Kioto. JJuste
El símbolo indiscutible de la primavera japonesa es la sakura, o flor del cerezo. Los japoneses sienten verdadera devoción por ella. Por eso, todo el país está repleto de diferentes clases de cerezos, cuya finalidad principal es ofrecerles durante unos días la oportunidad de reunirse con los amigos y disfrutar de su belleza efímera mientras degustan alguna delicia alimentaria y, a menudo, beben alcohol en grandes cantidades.
Como Japón es un país con una gran variedad de latitudes, desde el norte de Hokaido hasta el sur de Okinawa, y una variada orografía, los cerezos van floreciendo sucesivamente en las distintas partes del país. Para saber cuándo se producirá la eclosión cerca de casa y poder programar el picnic, no es necesario ni ser ingeniero agrónomo ni comprarse un almanaque. Basta con leer el periódico o ver las noticias de la televisión que informan con detalle de los días exactos en que las flores se van abrir. Cuando se produce el fenómeno en una zona, esta se tiñe de blanco, y uno se da cuenta de la enorme cantidad de cerezos que llega a albergar el país.
En Kioto, por ejemplo, es impresionante pasear por la orilla del Kamo, donde kilómetros y kilómetros de cerezos de la misma especie florecen simultáneamente a primeros de abril. En Osaka, quizá el sitio más popular para ir a ver los cerezos sea el parque del castillo. Y en Tokio, destacan los jardines del santuario de Yasukuni, así como los del palacio imperial para los privilegiados que acuden a la recepción oficial que ofrece el emperador.
En todo el país hay miles de lugares reputados por sus cerezos. El problema es que en Japón también hay mucha gente y el tiempo para ir a ver las sakura es muy limitado. Si hoy están en su máxima eclosión, mañana sus pétalos empezarán a desprenderse y, especialmente si aparece la lluvia, en cuestión de horas, las copas pasarán del blanco al verde. Por eso, los lugares donde es fácil extender un lienzo bajo los árboles están disputadísimos. En muchos casos, varios miembros de un grupo se levantan de madrugada para ir a coger sitio, e incluso hay profesionales que se dedican a guardar el espacio a cambio de una propina. En los jardines de Yoyogi, en Tokio, o en el parque Maruyama, en Kioto, a primera hora de la mañana ya casi no queda espacio libre.
A menudo, la fiesta bajo el cerezo se celebra sobre un horroroso plástico azul. Es un ejemplo más de la necesidad de focalizar la vista para disfrutar de la sutil belleza japonesa, muchas veces rodeada de la más basta fealdad. Las cubiertas azules sobre las que muchos comensales se sientan, siempre descalzos, a comer y beber se venden en cualquier gran superficie y son las mismas que se usan para tapar provisionalmente los tejados estropeados o que los sin techo utilizan durante todo el año para proteger sus enseres en los parques donde habitan. Son baratos, prácticos y resistentes, pero no pegan con los cerezos en flor, así que, para dejar gozar al espíritu, no queda más remedio que anestesiarlo con mucho alcohol, o elevar la mirada hacia las copas emblanquecidas y el cielo, que a veces también es de color azul.

lunes, mayo 12, 2008

La gasolina vuelve por las nubes

Una gasolinera de Kioto la noche del 30 de abril. JJuste
Los japoneses afrontan con preocupación y medidas alternativas la reciente subida del precio del combustible
• El impuesto pone contra las cuerdas al Gobierno de Fukuda
"Apago el letrero, porque dentro de poco se nos va a terminar la gasolina", le decía, a las siete de la tarde del 30 de abril, un empleado a otro en una estación de servicio. Cuando se apagaba la luz, la gasolina normal estaba a 127 yenes (80 céntimos) el litro y cuando volvía a encenderse, en la madrugada del 1 de mayo, ya estaba a 157 yenes (98 céntimos) como consecuencia de la reinstauración del impuesto especial sobre la gasolina. El gravamen se impuso hace 30 años, supuestamente con carácter temporal, y la ley estipula que debe dedicarse solo a la construcción y mantenimiento de carreteras.
Durante todo el día 30, la actividad en las estaciones de servicio del país fue frenética, y en algunos puntos se llegaron a superar volúmenes de venta ocho veces superiores a los habituales. Muchos japoneses apuraron las últimas horas de gasolina barata llenando sus depósitos para afrontar el largo puente de primavera de primeros de mayo. En cambio, el día 1 las gasolineras estaban casi vacías, e hicieron solo el 10% del negocio.

El fantasma de la inflación

El regreso de la gasolina cara, unido al aumento del precio de la mayoría de materias primas y al efecto que han tenido los escándalos relacionados con los alimentos importados de China, hacen prever un inminente aumento de la inflación y un enfriamiento del consumo. Muchos ciudadanos han empezado los recortes precisamente por la gasolina. "Yo voy a usar la bicicleta tanto como pueda; hasta ahora iba en coche o en tren al trabajo pero, a partir de ahora, voy a pedalear. Cuando uso el coche, hago una conducción ecológica, sin dar acelerones", explica una agente de seguros.

Con la gasolina por las nubes, no solo sufren las cuentas domésticas sino también las de muchos negocios familiares que no se atreven a repercutir el alza en los precios que cobran a sus clientes. Uno de los sectores más afectados ha sido el de los baños públicos, establecimientos que se mantienen abiertos todavía por la afición de muchos japoneses al baño como práctica de limpieza y ritual de socialización. El coste del combustible para calentar el agua se ha añadido a una clientela que mengua por el envejecimiento de la población. Así las cosas, muchos han tenido que cerrar, cambiar a fuentes de energía más baratas o inventarse sistemas para tapar las bañeras y mantener el calor durante su cierre.
Algunas compañías de transporte ya han adoptado en invierno diversas medidas para reducir la factura por combustible, como obligar a los conductores a apagar los motores de los camiones en las operaciones de carga y usar mantas eléctricas para mantener el calor.
Mientras muchos japoneses de a pie pasaban las últimas horas de abril sufriendo por sus bolsillos y sus estómagos, en Tokio, unos 100 diputados de la oposición montaron un piquete delante del despacho del presidente de la Cámara de Diputados, Yohei Kono. Llevaban pancartas que decían Abuso de poder; escuchad la voz del pueblo, y querían evitar que Kono llegara al pleno y se aprobase la ley impositiva sobre la gasolina. La norma caducó en marzo gracias al bloqueo en el Senado, donde la oposición tiene mayoría absoluta.
Horas de tensión
Tras horas de tensión, Kono logró burlar el cerco y llegar al hemiciclo, donde la ley se aprobó sin problemas, pese a su gran impopularidad. "En lugar de gastar tanto dinero en proyectos inútiles, podrían dedicar más a la educación. En nuestro colegio podríamos financiar más viajes de estudios al extranjero", se queja el responsable de un centro educativo.
El primer ministro, Yasuo Fukuda, intentó convencer a los japoneses. "En un momento en que cada ciudadano hace grandes esfuerzos para llegar a fin de mes, es una decisión muy dura. Sin embargo, he considerado que debemos parar esta situación irresponsable, en que nos encontramos con unos ingresos insuficientes", explica Fukuda.
El primer ministro se encuentra en sus horas más bajas, con un índice de popularidad inferior al 20%. Ahora dice que impulsará una ley para que el impuesto sobre la gasolina no se convierta solo en asfalto y sirva también para financiar necesidades más urgentes, como la mejora de la enseñanza y la asistencia sanitaria. Sin embargo, parece casi imposible que un político tan impopular pueda enfrentarse a poderosos grupos de interés que resisten el cambio.

jueves, mayo 08, 2008

Hu visita Japón en un clima de desconfianza


El emperador Akihito i el presidente Hu en la portada del Kyoto Shinbun
Es la primera visita de un máximo líder chino en 10 años
Tibet, las intoxicaciones alimentarias y el gas del mar del sur, principales obstáculos
El presidente chino Hu Jintao inició el miércoles 6 de mayo una visita de 5 días a Japón con la que quiere mejorar las relaciones diplomáticas entre las dos potencias del noreste de Asia. “Espero que durante esta visita podamos incrementar la confianza común, profundizar la cooperación, planear el futuro y abrir la vía para un nuevo estadio para el desarrollo global de una relación estratégica sino-japonesa mútuamente beneficiosa”, declaró Hu a su llegada al centro de la capital japonesa, donde se podía percibir una gran presencia de fuerzas especiales de la policía. Mientras comenzaba el programa de actos del mandatario chino, en diferentes zonas de la ciudad se manifestaban los habituales grupos de ultraderechistas anti-chinos, con sus camiones con altavoces, y unos mil simpatizantes de la causa independentista tibetana.
Las esperanzas generadas por el viaje de Hu a Japón se refieren más a aspectos simbólicos que a la resolución de problemas concretos. En estos momentos la historia no se interpone especialmente entre Pekín y Tokio como lo hizo en el pasado. Hace 10 años la visita del entonces líder Jiang Zemin terminó en fracaso por su dureza al recordar, en un encuentro protocolario con el emperador, las atrocidades del ejército imperial japonés en la primera mitad del siglo XX. Posteriormente, entre 2001 y 2006, los años en que el primer ministro japonés era Junichiro Koizumi, los sufrimientos chinos por el pasado imperialista japonés volvieron a ser el principal tema de intercambio, gracias sobre todo a las visitas del mandatario nipón al santuario sintoísta de Yasukuni, donde se rinde homenaje a más de dos millones de combatientes japoneses y a 14 criminales de guerra.
Hace dos años, con un liderazgo mucho más joven en China y con el relevo de Koizumi por Shinzo Abe en Japón, se inició un deshielo diplomático que culminó con la visita del primer ministro chino Wen Jiabao. El actual primer ministro, Yasuo Fukuda, es un conocido defensor de la mejora de relaciones con China.
Mirar hacia el futuro
Ahora los dos gobiernos dicen que hay que mirar hacia el futuro, pero cuando intentan concretar su anhelado entendimiento se encuentran con asuntos sobre los que no se ponen de acuerdo, como la explotación conjunta de los campos de gas del sur del mar de China, en aguas que ambos países consideran parte de su territorio, o la resolución en falso del problema de las empanadillas intoxicadas importadas a Japón desde China, un asunto que ha creado un clima de desconfianza de los consumidores japoneses hacia los productos que llegan del país vecino.
Además, el último levantamiento en Tíbet y la represión ordenada desde Pekín han servido para aumentar la presión sobre el primer ministro nipón por parte de los sectores que desean una actitud más firme ante una China que perciben como un peligro creciente debido a su poderío económico y militar. “En lugar de cálidas expectativas de un salto hacia delate en los lazos bilaterales, una desilusión enfriante está surgiendo ahora entre los dos países”, decía el editorial del diario Asahi Shimbun ante la visita de Hu.
La estancia del presidente chino en Japón incluye diversos encuentros con el emperador Akihito y el primer ministro Fukuda, así como una conferencia en la universidad Waseda y una visita cultural a Nara. Se espera que culmine con la presentación de una declaración conjunta que podría incluir algún acuerdo sobre medidas para evitar el calentamiento atmosférico global.
Unas relaciones muy importantes
Japón estableció relaciones diplomáticas con China en 1972 siguiendo el camino marcado desde Washington por Richard Nixon. En 1978, bajo el mandato del primer ministro Takeo Fukuda (padre del actual jefe de gobierno), se firmó un tratado de paz y reconciliación entre los dos países. Veinte años más tarde, en 1998, Jiang Zemin se convirtió en el primer presidente de la República Popular China en visitar Japón. Las relaciones contemporáneas entre Pekín y Tokio se han visto marcadas a menudo por las luchas internas por el poder en ambas capitales.
A pesar de diversos altibajos en los intercambios políticos, desde los años 70 no ha dejado de aumentar la dependencia económica mútua. Japón ha aportado ingentes cantidades de dinero al desarrollo chino en forma de ayuda oficial y en inversiones privadas de empresas que deseaban tener una base de producción barata y abrir a sus productos un mercado muy prometedor. En estos momentos, la estabilidad de la economía japonesa depende en buena medida de la salud económica china.

lunes, abril 28, 2008

Un signo de la globalización

Un momento del discurso. Foto: Jin Juste
CRÓNICA DESDE KIOTO
Este año me ha tocado asistir a la ceremonia de ingreso de la escuela primaria de mi barrio en calidad de padre de uno de los nuevos alumnos y como presidente de la AMPA. Dicen que es la primera vez que un extranjero preside una institución de este tipo en Kioto y posiblemente una de las primeras en todo el país. Un signo de la globalización que, por el momento, no ha encontrado ningún reparo y sí muchas reacciones de alivio por parte de los que saben que, si este año yo presido, no tienen que hacerlo ellos.
El cargo es más bien protocolario y las que trabajan de verdad son las madres que integran la junta, todas japonesas. Ellas están dispuestas a dar el callo por la escuela, pero no la cara, así que mi primer trabajo importante ha sido subirme al estrado del gimnasio y leer, ante niños, padres y autoridades locales, un discurso lleno de expresiones honoríficas y frases hechas. Con poco margen para la creatividad y un gran miedo a salirme ni siquiera un milímetro del guión. Solo quien haya pasado por semejante trago será capaz de imaginarse cómo pueden bailar los caracteres japoneses sobre el papel.
Además de en una lectura correcta, el éxito de la actuación en la ceremonia radica en tener muy claro cuándo y hacia dónde hay que saludar, con la inclinación adecuada del tronco. Según mis cuentas, en mi caso son ocho reverencias desde que me levanto tembloroso de mi silla en la zona de autoridades hasta que regreso aliviado a ella.
Si uno no tiene un papel protagonista, estas celebraciones son un espectáculo interesante, que puede llegar a ser divertido. El decorado presenta mínimas variaciones: siempre lo presiden la bandera nacional y la local, hay un gran jarrón con flores y muchas veces un biombo dorado. Uno de los momentos más emotivos es el canto del himno nacional, esa canción que en muchos sitios de Asia recuerdan como símbolo de atrocidades. Para la mayoría de los japoneses el Kimigayo es hoy en día solo una muestra de su sentimiento de pertenencia, aunque queda una minoría que se resiste a mostrarle un respeto que cree que no merece. Normalmente, todos los congregados se ponen en pie y la mayoría lo entonan con una maestría que prueba, tanto como su patriotismo, la buena formación musical.
Otro de los puntos importantes es el discurso del director. El nuestro es un hombre entrañable, amante de Europa y devoto de su trabajo. Tiene cierto aire cómico, vestido con frac y dirigiéndose a niños de 6 años, gesticulando y vocalizando. Les habla de las tres semillas que a partir de hoy tendrán que hacer crecer: valentía, ganas de hacer y buena salud.
Los verdaderos protagonistas, los aproximadamente 60 nuevos alumnos de la escuela, lo escuchan intentando ver esas semillas en la palma del profesor. Van vestidos todos muy elegantemente y representan su papel a la perfección. Entran, se sientan, se levantan, hacen reverencias, se sientan de nuevo, se vuelven a levantar... Todo en un orden que ya han tenido oportunidad de ensayar en la gran cantidad de ceremonias que han vivido en el parvulario y que perfeccionarán en las que les aguardan en su vida en Japón.

jueves, abril 10, 2008

Gigantes en apuros

Momentos previos al combate. Foto JJuste
El sumo, la lucha tradicional japonesa, va de escándalo en escándalo
El año pasado un joven luchador murió después de una paliza en su gimnasio
Osaka. Jordi Juste
En los últimos tiempos la lucha tradicional japonesa se ha visto envuelta en una serie de controversias que incluye acusaciones de combates amañados, vetos machistas, comportamientos impropios dentro y fuera del ring, lesiones sospechosas y una muerte que ha descubierto que detrás de la fortaleza de los luchadores se esconde un rudo submundo que a menudo consiste en puro maltrato.
Momentos finales del combate entre el yokozuna Hakuho y Miyabiyama. Foto JJuste
Muerte en el gimnasio
En febrero la policía arrestó en Aichi a tres luchadores y al jefe del gimnasio donde en junio murió Takashi Saito, un luchador novicio de 17 años. La policia estableció que la causa había sido un paro cardíaco, pero una autopsia mostró que Saito había sido golpeado repetidamente con objetos contundentes poco antes de perecer. La policía se vió obligada a abrir una investigación y el caso se convirtió rápidamente en noticia nacional. El jefe del gimnasio admitió haberle dado un “golpecito” a su pupilo, pero se ha podido establecer que lo golpeó repetidamente en la cabeza con una botella de cerveza. Después indicó a otros luchadores que se lo llevaran al ring para terminar de darle una lección por haber intentado abandonar el gimnasio y su carrera en el sumo.
La muerte causó una gran conmoción pública y sirvió para descubrir que el uso de la violencia para domesticar a los novicios es una práctica extendida. Para la mayoría de japoneses las intimidades del mundo del sumo son casi un mito. Se sabe que los luchadores viven en establos o gimnasios donde se entrenan y viven en comunidad bajo las órdenes de un jefe, el oyakata, un antiguo luchador. La vida en estos recintos es siempre austera y a menudo dura, con un régimen alimenticio orientado a ganar peso rápidamente y detalladas normas de vida que se basan en un estricto respeto a la jerarquía. También se sabe que los ex luchadores tienen una esperanza de vida diez años menor a la media nacional y que muchos sufren diabetes o enfermedades cardíacas.
El yokozuna Asashoryu acaba de ganar su combate. Foto JJuste
Sorpresa e indignación
A la sorpresa por la muerte de Saito se añadió rápidamente la indignación por la negligencia policial y la lentitud en la reacción de la Asociación Japonesa de Sumo. Hasta el primer ministro, Yasuo Fukuda, se vió obligado a pronunciarse sobre el asunto: “Que esto haya sucedido en el sumo, el deporte nacional y símbolo de Japón, es un asunto grave”. La presión del gobierno obligó a la entidad que rige el sumo a pedir disculpas y a expulsar al jefe del gimnasio, una acción que para muchos es insuficiente y llegó tarde. “La asociación de sumo debería aceptar miembros externos y recomenzar. De otro modo, los jóvenes que aspiran a convertirse en luchadores profesionales se mostrarán reacios y los aficionados abandonarán el deporte”, concluía recientemente el diario Asahi Shinbun su editorial.
Prejuicios machistas
Algunos historiadores remontan el nacimiento del sumo a los orígenes del país, aunque adoptó su forma actual en la época de Edo (siglos XVII a XIX). Sus rituales están emparentados con los del sintoísmo, la religión ancestral de Japón, con la que comparte creencias como la impureza de la mujer. Esto provocó el inicio de una larga controversia en 2000, cuando Fusae Ohta se convirtió en la primera mujer gobernadora de Osaka, provincia donde se celebra uno de los cinco grandes torneos anuales. La Asociación de Sumo no permitió a Ohta durante sus ocho años en el cargo subir al dohyo (ring) para entregar la copa al vencedor.
Escándalos periódicos
La muerte del joven Saito es la crisis más grave que ha vivido el sumo últimamente, pero no la única. Las sospechas de combates amañados reaparecen periódicamente. En la última ocasión apuntaban al yokozuna (gran campeón) Asashoryu, un mongol de 28 años que ya ha alcanzado el quinto puesto en el ranking de luchadores de todos los tiempos. Además, Asashoryu ha protagonizado enfrentamientos con periodistas y provocado la indignación de los tradicionalistas por protestar decisiones de los árbitros o no mostrar respeto a los contrincantes. El año pasado fue noticia tras ser sorprendido jugando al fútbol en Mongolia, adonde había acudido para recuperarse de una misteriosa lesión. El sumo profesional ha vivido en las últimas décadas un influjo constante de luchadores extranjeros, provenientes de lugares con luchas similares, como Hawai, Polinesia, Bulgaria, Rusia o Mongolia y en estos momentos hay unos 20 no japoneses en las dos máximas categorias. En 2002 se limitó a uno por gimnasio el número máximo de foráneos, pero cada vez resulta más difícil convencer a niños y padres japoneses para que entren en un mundo que exige sacrificios extremos.
Yumitori, ritual con el que se cierra cada día de torneo. Foto JJuste

martes, abril 08, 2008

La torre Eiffel japonesa cumple medio siglo

La Tokyo Tower. JORDI Juste
En 1958 Japón confirmaba al mundo su renacimiento tras la segunda guerra mundial con la terminación en Tokio de una gran antena metálica blanca y naranja de 333 metros de altura, diseñada a semejanza de la torre Eiffel de París, a la que supera en 13 metros. Se pensaron diversos nombres para la estructura, que oficialmente se denomina Nihon Denpa To (torre japonesa de ondas eléctricas), pero el pueblo rápidamente la bautizó como Tokyo Tower y la adoptó como el símbolo de la capital y uno de sus principales destinos recreativos.
En este medio siglo a la torre han acudido no solo millones de turistas, extranjeros y nacionales, sino también muchísimos toquiotas que la han elegido como marco de sus citas amorosas o de sus salidas familiares. Además, ha sido escenario de numerosas obras de ficción e incluso ha sido destruida muchas veces por la imaginación de autores de cómics, dibujos animados y películas apocalípticas de monstruos de serie B.
En el 2005, el ilustrador Lily Franky publicó la novela Tokyo Tawa: Okan to boku, to tokidoki, Oton (Tokyo Tower: mamá, yo, y a veces, papá), donde la torre es más que nunca el símbolo de la gran ciudad, el faro que atrae a los japoneses humildes de provincias en busca del éxito. El libro vendió más de un millón de ejemplares en su primer año y dio lugar a una película y una serie de televisión que contribuyeron a poner de nuevo de moda la estructura entre la gente joven.
La Tokyo Tower está en el distrito de Minato, relativamente cerca del corazón de la ciudad. Por eso, cualquiera de sus dos observatorios sirve para tener una visión de 360 grados de esta megaurbe, que se extiende mucho más allá de los límites administrativos de la prefectura de Tokio y cuya población se sitúa ya en más de 30 millones de habitantes. Desde el observatorio superior, a 250 metros de altitud, se puede comprobar que la ciudad y sus alrededores no son solo grises; también tienen el azul del mar, el verde de los jardines del palacio imperial y del santuario de Meiji y hasta, a veces, el blanco de la nieve, ya que en días claros se llega a divisar la cima del monte Fuji. Pero, sobre todo, la torre es una atalaya perfecta para percibir el abigarramiento de la metrópolis nipona, el aparente caos de callejuelas, ríos, autopistas urbanas, vías de tren elevadas... Nada que ver con los Campos de Marte, que desde lo alto de la Torre Eiffel parecen un tapiz.
Desde hace cinco años es posible ver la torre como un juguete metálico de colorines enmedio del hormigón, subiéndose a lo alto de la torre Mori, en Roppongi Hills. El edificio solo alcanza los 238 metros de altura pero, al estar situado en un cerro, ha sustituido a la Tokyo Tower como el observatorio más alto de la ciudad. Sin embargo, esta mantiene un encanto que difícilmente puede superar un rascacielos, ya que lo que buscan los turistas y los enamorados que quieren pasear su romance no es tanto ver la ciudad como estar dentro de su símbolo. Posiblemente esa condición emblemática no la perderá ni siquiera en el 2011, cuando esté terminada en el distrito de Sumita la New Tokyo Tower, que tendrá 613 metros de altura.
La Tokyo Tower. JORDI Juste

jueves, abril 03, 2008

Los homeless japoneses se hacen más visibles

Según el gobierno 19.000 personas viven en la calle
La revista The Big Issue ofrece una salida a más de un centenar de personas
Osaka. Jordi Juste
Desde hace cuatro años no hace falta ir a los parques o barrios degradados de Japón para ver a los sin techo. Algo más de un centenar de ellos están apostados en las esquinas más transitadas de las grandes metropolis del país blandiendo un ejemplar The Big Issue, la replica de la revista fundada en 1991 en Londres para dar una oportunidad profesional a las personas que no tienen un lugar digno donde vivir. Se trata de un negocio social, que se gestiona profesionalmente y aspira a no perder dinero aunque su ojetivo no sea ganarlo.
“Yo nunca me habría imaginado que terminaría dedicándome a ayudar a los sin hogar, pero una tercera parte de los que hay en Japón están en Osaka. Como persona nacida y criada aquí, como miembro de la sociedad que los veía cada día, me di cuenta de que había que hacer algo para ayudar a resolver el problema. Entonces supe lo que se hacía en Inglaterra y decidí poner en marcha el proyecto”, explica su máximo responable, Shoji Sano.
Según el gobierno, en la actualidad hay 19.000 personas sin hogar en Japón, unas 6.000 menos que hace cinco años. Es posible que la mejora en las cifras refleje en parte la reducción del paro durante el quinquenio, pero para Sano la cuestión se explica por el criterio que usan las autoridades para definir al colectivo: “Si lo que se cuenta es realmente los que viven en la calle o en parques, es posible que su número haya disminuido. Ahora bien, si se tiene en cuenta a las personas que pasan la noche en lugares como los cibercafés o en hoteles baratos y que no tienen un lugar fijo para vivir, entonces ha aumentado”.
Después de la burbuja económica de los años 80, los trabajos en la construcción y en la industria descendieron drásticamente y con ello aumentó el número de personas sin hogar. El empleo ha crecido en los últimos años hasta situar el paro en el 4%, aunque a costa de aumentar el número de los que pasan apuros para llegar a fin de mes a pesar de trabajar los siete días de la semana. La mayoría de los sin hogar proceden de sectores cada vez más mecanizados, como la construcción, o de negocios que van quedando desfasados en la nueva economía, como pequeños comercios y hostales tradicionales, donde algunos además de trabajar vivían.
Kenzo Nitta, de 57 años, vende The Big Issue frente a la estación central de Osaka desde hace cuatro años. Antes trabajaba como mecánico en una bolera, pero ésta cerró y ya no puedo encontrar un nuevo trabajo, en parte por la edad. “Es duro, pero sin trabajo no se puede vivir. Al principio me daba vergüenza, pero cuando llevas mucho tiempo vas acostumbrándote. Pienso seguir hasta que encuentre otro trabajo.”, explica Nitta, que recientemente ha empezado a vivir en un piso junto a dos vendedores más.
Otro veterano de The Big Issue es Imamura, un ex librero de viejo de 50 años que defiende con vehemencia la dignidad de su trabajo: “Me daría vergüenza tener que pedir limosna, no lo aceptaría, pero con esto me gano mi comida y un lugar para dormir. Me gustaría ahorrar y poder encontrar otro trabajo pero, sin tener una dirección registrada, en Japón eso es muy difícil”, explica Imamura, que regala una fotocopia con sudokus preparados por él mismo a cada cliente.
The Big Issue es bimensual y se vende a 300 yenes (unos dos euros), de los cuales 160 van directamente al bolsillo del vendedor. La revista tiene una circulación de unos 30.000 ejemplares y en todos los números ofrece artículos sobre ocio y asuntos sociales y una entrevista o reportaje sobre algún personaje famoso de la escena internacional, gracias a su sindicación con una red mundial de revistas similares
Para vender The Big Issue se necesita ser una persona atrevida, comprometerse con un código de buena conducta y no tener un lugar estable de residencia, aunque esta última condición se aplica con flexibilidad y se permite seguir como vendedores a los que ya han encontrado un lugar donde vivir pero no un empleo mejor. Algunos, como Imamura y Nitta, llevan vendiendo la revista desde su inicio, pero muchos otros lo dejan después de un año y medio, a veces sin dejar rastro. Según la empresa, de los 600 vendedores que ha tenido en cuatro años, un 10% ha encontrado otro trabajo.

domingo, marzo 23, 2008

Comida lenta y natural fuera de casa

22/3/2008 CRÓNICA DESDE KIOTO // JORDI JUSTE Bufet del Matsutomiyakotobuki Ichie.
El Matsutomiyakotobuki Ichie de la calle Yanaginobamba, tocando a la calle Sanjo, es uno de tantos restaurantes que se han instalado en los últimos años en una machiya, las viejas casas del centro de Kioto condenadas a transformarse o sucumbir entre la modernidad. La fachada y el interior se han conservado en gran medida y el local da sensación de autenticidad, a pesar de que estos edificios no fueron pensados como restaurantes sino para servir en su parte delantera como talleres y en la trasera como residencias. Para acceder al comedor hay que descalzarse, pero se puede optar entre comer en mesas tradicionales bajas y sentarse en el tatami o hacerlo en mesas altas occidentales.
El Ichie forma parte de un número creciente de restaurantes que ofrecen una solución a la gente que no quiere renunciar a la salud cuando come fuera de casa. Se anuncia como restaurante de "comida lenta y natural" y sus platos se elaboran con productos nacionales y sin aditivos. "No podemos ofrecer comida hecha con productos 100% orgánicos porque la oferta de estos todavía es escasa, pero la dirección siempre busca los que le merecen más confianza", explica el encargado.

De hecho, según un estudio reciente, solo el 0,19% de los productos agrícolas japoneses son orgánicos, es decir, han sido cultivados y procesados sin utilizar fertilizantes, pesticidas ni aditivos artificiales. De las casi dos millones de explotaciones agrícolas que hay en Japón, solo 5.000 producen lo que la oficina certificadora del Gobierno considera "productos agrícolas orgánicos".

La conciencia de la importancia de la comida saludable no ha parado de aumentar en los últimos años en Japón, al tiempo que los cambios económicos y sociales han ido imponiendo una forma de comer cada vez más nociva para la salud. Se han multiplicado los fraudes e intoxicaciones atribuibles a la industrialización alimentaria y el aumento del número de familias en que todos los adultos trabajan fuera de casa y de personas que viven solas ha hecho que los hábitos empeoraran.

El tiempo que se dedica a cocinar en casa ha disminuido y la sana costumbre de preparar la comida pensando siempre en que incluya 30 ingredientes ha cedido al consumo masivo de precocinados que se preparan para comer en escasos minutos. Además, el uso de materias frescas de la región va quedando arrinconado por productos congelados que contienen gran cantidad de aditivos y proceden de lugares muy alejados del consumidor. Sin embargo, según un estudio del Ministerio de Agricultura, un 42% de los japoneses se muestran ya dispuestos a comprar productos agrícolas orgánicos y un 52% más afirma que lo haría si los precios bajaran.

Estos datos muestran que existe un alto potencial para recuperar la comida saludable que solo está esperando la oferta adecuada. De momento, el Matsutomiyakotobuki Ichie ofrece un producto con una relación calidad-precio excepcional, el Obanzai Viking, un bufet libre por solo 1.050 yenes (seis euros y medio) que incluye unos 20 platos de comida japonesa tradicional que varían según la estación.

miércoles, marzo 12, 2008

Nostalgia en el callejón de los borrachos

12/3/2008 CRÓNICA DESDE TOKIO // JORDI JUSTE
Nonbei-yokocho, el callejón de los borrachos de Shibuya. JJuste

Shibuya es la meca de la moda juvenil asiática. Son famosas las grandes pantallas de televisión que se ven nada más salir a la plaza principal desde la estación. A su derecha hay un tramo elevado de vía férrea, uno de tantos que sobrevuelan Tokio. Pasadas las vías, justo a mano izquierda, está Nonbei-yokocho (el callejón de los borrachos), dos hileras de menos de 50 metros de edificios de madera de dos plantas.
Paso el arco que anuncia el callejón y accedo a otro mundo, sin pantallas, niñas bronceadas ni encuestadores a la caza de nuevos gustos. Aquí todo es rancio, pequeño, oloroso, entrañable. Bares diminutos se suceden bajo la tenue luz de unas lámparas rojas que presentan todo un reto fotográfico. Busco el ángulo adecuado, la apertura correcta del diafragma, cuando, desde un local, un hombre de unos 70 años, con gafas y vestido con traje, me pide con gestos que me acerque.

Abro la puerta corredera, doy las buenas noches y me asomo a una habitación de unos 6 metros cuadrados. Dos señoras de unos 70 años, con los labios muy pintados, el moño muy bien puesto y el delantal muy blanco, están de pie tras una estrecha barra frente a la que hay seis taburetes, cuatro de ellos ocupados por clientes que beben aguardiente de trigo en grandes vasos de cristal. Al fondo, detrás del hombre que me ha invitado a entrar, hay una mujer menuda de unos 50 años, con ropa un poco hippy y gafas de sol a lo John Lennon. Entrando a la izquierda, en el pie de la L que forma el mostrador, hay dos septuagenarios más, uno gordo, con aspecto de capataz jubilado, y otro muy flaco, vestido como un contable.

El hombre que me ha invitado a entrar me conmina a sentarme a su lado, en el centro de la barra. Me dice que se llama Hiroshi, me llena un vaso con aguardiente de su propia botella, me pide una ración de pescado crudo y empieza a hacerme preguntas. De dónde soy, cómo me llamo, qué hacía ahí fuera... Los otros tres clientes, que al verme entrar parecían un poco contrariados, van relajando sus expresiones y metiendo baza en la conversación, a medida que se dan cuenta de que entiendo y hablo el japonés.

--¿Cómo se llamaba aquel lugar dónde había tantos vampiros?
--Transilvania.
--Pero eso está lejos de Barcelona.
--Ah, sí, vale, y ese otro sitio, cómo era, va..., va....
--Vasco, País Vasco.
--Eso. Está más cerca, ¿no?
--Como de Tokio a Osaka, ¿verdad?
--¿Qué tal la seguridad ciudadana?
-- Bueno...
-- Pero no hay ningún lugar tan seguro como Japón. ¿No?

El capataz es quien hace más honor al nombre del callejón: su lengua se pega cada vez más a la base de la boca y se hace difícil entenderle.

Hay unos 30 clientes asiduos del local que se dejan caer en algún momento todas las semanas. "Somos como el club de los corazones solitarios. Esta es nuestra familia", dice Hiroshi. La hippy madura, que se expresa en un argot muy de esa época que añora, asiente y me ruega que si escribo sobre el callejón, no haga público el nombre del local porque no quiere verlo lleno de turistas.

viernes, marzo 07, 2008

El Cervantes triunfa en Tokio

JORDI JUSTE.TOKIO
Alumnos japoneses a la salida de una clase nocturna en el Instituto Cervantes. Foto JORDI JUSTE
El Instituto Cervantes tiene en Japón la sede más grande del mundo.
El éxito ha superado las previsiones.
Desde abril impartirá también clases de catalán
En los cinco meses que lleva en Tokio, el Instituto Cervantes ha superado con creces las expectativas que tenía. Antes de abrir, esperaba captar de entrada a unos 300 alumnos, atrajo a 800 para su primera prematrícula y ahora ya va por el millar. A pesar de tener en pleno funcionamiento sus actividades principales, la sede del Cervantes en Tokio no ha sido aún inaugurada oficialmente. La ceremonia está prevista para noviembre, como parte de la visita de Estado que realizarán los Reyes a Japón.
La sede japonesa es la más grande del Cervantes en el mundo y está situada en una zona céntrica de la capital, donde además de dar clases de castellano se ofrecen otras actividades de difusión de la cultura española e hispanoamericana, como conferencias, cine y exposiciones. En estos momentos se puede ver la exposición Extraños en el paraíso. Fotografía contemporánea en el País Vasco. Desde abril se ofrecerán también clases de catalán y, si hay demanda, de gallego y vasco.
Ir a lo fácil
"De momento, hemos ido a lo fácil, a lo que ya hay, a la gente que ya tiene interés en lo español. Ahora intentaremos incorporar a gente que no ha tenido contacto. Ese es el objetivo. Queremos contextualizar el español y que los japoneses puedan enriquecer su vida cultural", explica el director del centro, Víctor Ugarte.

La llegada del Instituto Cervantes a Tokio se produjo en septiembre del 2007, tras una década de repetidos rumores que anunciaban su inminente apertura y que finalmente quedaban siempre en nada.Espacio adecuadoUna de las principales dificultades fue encontrar un espacio adecuado a un precio asequible en el centro de Tokio, ciudad que cuenta con los alquileres más caros del mundo. Incluso se llegó a pensar en ubicar la sede del Instituto Cervantes en la Embajada de España, pero se tuvo que desechar la idea por la imposibilidad de llevar a cabo actividades remuneradas, como los cursos de idiomas, en sedes diplomáticas.

Japón es un país donde una gran parte de la población dispone de una importante cantidad de dinero para gastar en actividades culturales. Además, la mayoría de los japoneses prefieren tener organizadas sus horas de ocio y no cuentan con segundas residencias donde pasar los fines de semana o los períodos de vacaciones largos.

A todo eso se añade una gran curiosidad por lo extranjero, que alcanza también a lo español. Sin embargo, contra lo que alguna gente cree, el castellano no está de moda en Japón, aunque sí es cierto que su estatus ha aumentado con respecto al de otras lenguas europeas, como el alemán o el francés, hasta hace poco las preferidas de buena parte de los intelectuales nipones.
Al mayor interés por lo español contribuyeron decisivamente los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Liga del fútbol profesional, pero también el descubrimiento del modernismo, el flamenco, el cine y la cocina. El castellano se estudia en unas 40 universidades, aunque en la mayoría de los casos como una segunda lengua extranjera que los alumnos tienen que cursar obligatoriamente. Además, numerosas academias privadas y la radio y televisión públicas ofrecen semanalmente cursos de español.
Una clase en la sede del IC en Tokio. JJuste
Sobre todo, mujeres
El Instituto Cervantes ha logrado atraer a estudiantes de diversas edades y condiciones, pero el 70% son mujeres de entre 20 y 45 años. La mayoría de ellas estudian castellano porque les interesa algún aspecto de la cultura española o hispanoamericana, aunque también hay una minoría que espera usarlo en el trabajo."Mi marido es empresario y a veces trabaja con clientes de España. Yo le ayudo y por eso a veces tengo que hablar en español", explica Keiko, una mujer de unos 40 años que lleva cinco meses estudiando, dos días por semana, en el Cervantes. En cambio, su compañera Junko explica que estudia en ese centro, junto a su esposo, por pura afición: "Me interesa la música de España desde que conocí a Vicente Amigo. Y también la comida y la gente".
El Instituto Cervantes cuenta en Tokio con 28 profesores nativos a tiempo parcial provenientes de diversos países hispanohablantes, que en su mayoría ejercen también en alguna de las universidades de la capital. Todos aplican la metodología comunicativa contemplada en el plan curricular para todo el mundo, pero a veces se topan con la idiosincrasia local y tienen que convencer a alumnos poco acostumbrados a hablar con sus compañeros en una lengua extranjera.

miércoles, marzo 05, 2008

Pintar para mantener viva la ciudad

5/3/2008 CRÓNICA DESDE KIOTO // JORDI JUSTE
Entrada de la exposición. JJuste
JORDI Juste
El novelista Yasunari Kawabata le pidió al pintor Kaii Higashiyama en los años 60: "Si no pintas Kioto ahora, desaparecerá. Mientras estés en Kioto, pinta, por favor". La petición fue el principio de una fructífera amistad. Higashiyama le hizo caso y creó la serie de cuadros Keiraku shiki (Las cuatro estaciones de Kioto), que recogían la esencia del paisaje que Kawabata se resistía a ver desaparecer. En una de las exposiciones más interesantes de los últimos años, el Museo de Kioto acaba de mostrar la relación epistolar que se estableció entre los dos hombres, centrada en su amor por la antigua capital, y algunas de las obras que dió como fruto.

Quizás a bastantes lectores les suena el nombre de Kawabata, premio Nobel de literatura en 1968 gracias a novelas como País de Nieve o La Antigua Capital, pero seguramente muy pocos han oído hablar de Kaii Higashiyama. Y, sin embargo, en Japón ambos son igualmente famosos.Kawabata recibió una gran influencia de la literatura europea pero su obra dejó un conjunto de retratos eminentemente japoneses, de un Japón a la vez bello y triste, que languidecía aplastado por el vulgar mundo moderno; una serie de anécdotas que, a modo de haikus, pretendían atrapar la esencia de las cosas a través de una impresión sensorial. Algunos de esos retazos de vida que Kawabata atrapó con palabras estaban en el Kioto que no lograba salvarse del desarrollismo.

"Yo andaba por Kioto e iba murmurando "no se ven las montañas, no se ven las montañas", y me iba entristeciendo. Se iban construyendo edificios feos y desde la ciudad se iban dejando de ver las montañas. Para mí una ciudad desde la que no se veían las montañas no podía ser Kioto, y me lamentaba. Ahora ya me he acostumbrado a esta ciudad, Kioto, desde donde no se ven las montañas. Pero quiero que el perfil de la antigua ciudad se quede así por largo tiempo. Es lo que ruego hoy", le escribía el novelista al pintor para agradecerle que hubiera llegado a tiempo de salvar el antiguo paisaje.
Por su parte, Higashiyama comenzó su carrera en el ámbito del nihonga, la pintura tradicional japonesa, y fue incorporando influencias del arte europeo del siglo XIX hasta encontrar un estilo personal deudor en gran medida del romanticismo alemán. Sus peores pinturas rozan peligrosamente el cromo cursi, pero en sus obras maestras logró captar como pocos la esencia de la naturaleza japonesa en general, y en especial la de Kioto.

"Nada como la vida cotidiana de los habitantes de Kioto ejemplifica una unión tan íntima con las cuatro estaciones. Desde la antigüedad esa es la base, el apoyo y la señal del sentimiento de belleza de los japoneses. Ahora está a punto de desaparecer buena parte de eso", se lamentaba Higashiyama en una carta.
Ambos tenían razón, a juzgar por la gran cantidad de edificios feos que se pueden ver hoy en Kioto. Sin embargo, lo bello todavía abunda en la ciudad, las montañas se ven desde muchas calles y pervive algo de esa comunión entre la vida cotidiana y la naturaleza que tanto admiraban Kawabata y Higashiyama.

lunes, marzo 03, 2008

Alarma en Japón por el hallazgo de pesticidas prohibidos en comida china

1/3/2008 CUIDADO CON EL ROLLITO TÓXICOALERTA ALIMENTARIA EN ASIA
Restaurante chino de la cadena Ohshoh, en la ciudad japonesa de Kioto. Foto: JORDI JUSTE
JORDI JUSTE.KIOTO
La semana pasada se supo que restos del insecticida phorate, prohibido en Japón, habían sido encontrados en rollitos de espárragos congelados producidos en China. El anuncio sigue al hallazgo del pesticida methamidophos en un paquete de nikuman, panecillos chinos rellenos de carne, congelados e importados también de China. Estos dos casos son los últimos de una serie que ha desatado la alerta entre los japoneses. Los medios de comunicación publican cada día noticias relacionadas con la falta de fiabilidad de los alimentos chinos y la mayoría de las escuelas del país han eliminado de sus menús los platos que contienen ingredientes importados del país vecino.
Días atrás llegó a Tokio un equipo de la policía china para intercambiar información con sus colegas japoneses sobre el caso más grave, en el que 10 personas sufrieron síntomas de intoxicación tras consumir gyoza (empanadillas chinas) producidas en la provincia china de Hebei, en cuyos paquetes se hallaron también restos de methamidophos. Las autoridades japonesas creen muy improbable que la contaminación se produjera en Japón, por lo que las sospechas apuntan a la planta productora. Los investigadores chinos sostienen justo lo contrario: que las posibilidades de contaminación durante el proceso de producción son muy escasas, que no se puede determinar que los pesticidas sean los que se usan en China y que es posible que se hayan introducido desde fuera de las bolsas.
En todo caso, la colaboración policial no tiene precedentes y da cuenta de la gravedad del asunto y de la buena pero frágil sintonía entre Pekín y Tokio. "La desconfianza de los consumidores japoneses en los productos chinos se extenderá más, mientras los ciudadanos chinos aumentarán su enfado con Japón porque creerán que Japón está acusando falsamente a China de negligencia. Esta situación, si se maneja incorrectamente, podría dañar gravemente las relaciones bilaterales", alertaba el diario japonés Asahi Shimbun en un editorial.
En los últimos años no han parado de aumentar en Japón las importaciones de productos alimentarios chinos, hasta el extremo de que a veces es difícil encontrar en los supermercados congelados o algunos tipos de verduras que no vengan de China. En algunos casos se trata de alimentos cuyo origen es mucho más lejano, pero que pasan por el país vecino para ser procesados y envasados por sus bajos costes de producción. Un ejemplo es la caballa pescada y congelada en Dinamarca, sazonada en Shandong y comercializada en Japón, en la que también la semana pasada se encontraron restos del pesticida dichlorvos.
Letra pequeñaLa cocina china forma parte de la dieta habitual de muchos japoneses. Las empanadillas, los panecillos rellenos de carne y los fideos chinos son platos comunes en las mesas japonesas, y los restaurantes de comida china, en su mayoría regentados por japoneses, están prácticamente en cada esquina. Los productos alimentarios que llegan de China no se limitan a elementos de su gastronomía, sino que incluyen incluso productos típicos japoneses en cuyos paquetes hay que leer el origen escrito en letra muy pequeña. Aunque no hay datos económicos concretos sobre cómo está afectando el actual pánico, en los supermercados se puede apreciar un marcado descenso de la venta de congelados.
"Cuando se supo lo de las empanadillas me asusté y fui a devolver al súper unas que tenía en el congelador. Ahora no quiero comprar productos chinos, pero tampoco congelados, aunque sean japoneses, porque no me fío. Tiré todos los congelados que tenía y de momento lo hago todo yo con ingredientes frescos", explica Sayoko, un ama de casa de Kioto.
Cerdo por vaca
La actual histeria por la comida importada de China se produce justo después de una sucesión de escándalos relacionados con productos alimentarios japoneses. En uno de los más sonados se descubrió que una empresa comercializaba una mezcla de carne picada de cerdo y vaca como si fuera solo de este último animal. Otros afectaron al etiquetado de productos: se sustituía el origen real para indicar otro de más prestigio, o se corregía la fecha para poder revenderlos estando caducados.Estos casos y la ineptitud de las autoridades para hacerles frente han sembrado la desconfianza entre los consumidores japoneses, que ahora concentran sus temores en las importaciones chinas.
Gyoza, empanadillas chinas. Foto: JORDI JUSTE

miércoles, febrero 27, 2008

El misionero de la cocina española

27/2/2008 CRÓNICA DESDE TOKIO // JORDI JUSTE
El chef Nishimura y el director Ohgari en el Ogasawara. Foto JJuste
JORDI Juste
En noviembre, la primera edición de la guía gastronómica Michelín otorgó tres estrellas a la cocina española en la capital de Japón. Las dos primeras fueron para el Sant Pau, el restaurante de Carme Ruscalleda en Tokio, clónico de su establecimiento de Sant Pol de Mar. La tercera fue para el Ogasawara Hakushaku Tei (Casa del Conde de Ogasawara), un restaurante de cocina española contemporánea situado en una mansión de 1927 en el centro de la ciudad. Desde hace un año su cocina está a cargo del japonés Junichi Nishimura, que ha trabajado en restaurantes españoles, entre ellos el Coure y Comerç 24, de Barcelona.
Sin embargo, la estrella del Ogasawara no se entiende sin hablar de Josep Barahona, un cocinero de Lleida afincado desde hace 16 años en Japón, donde se ha ganado el prestigio de los aficionados a la gastronomía con locales como El Pati de Barahona y L' Estudi o con su labor al frente del restaurante del pabellón de España en la Exposición Universal de Aichi. Barahona, que ha evolucionado desde planteamientos más tradicionales a la cocina contemporánea de autor, levantó el Ogasawara y lo dejó para enfrentarse a nuevos retos profesionales.
La salida del cocinero catalán hace dos años provocó una crisis que parece haber sido superada con Nishimura. El menú sigue teniendo toques españoles, combinados con bastante libertad. "No hago cocina española. El fondo, la base es la cocina española, lo que aprendí en España, pero yo veo lo que tengo enfrente, la materia prima, y hago lo que puedo, mezclo técnicas italianas, francesas, chinas... Hago lo que están haciendo los cocineros en España. Antes que ser cocinero español yo soy japonés y tengo mi cultura. Soy de Kioto y uso verduras de mi tierra", explica Nishimura.
Esta declaración puede generar dudas acerca de la españolidad del restaurante, pero su cocinero afirma sentirse como un "misionero de la cocina española en Japón", vocación que le confiere una gran responsabilidad. "Siempre intento que no se me olvide la base de la cocina española, que tiene una cultura detrás. La originalidad es importante, pero la base cultural es fundamental", añade el chef.
Nishimura tiene que competir por la excelencia con el edificio. La casa del conde de Ogasawara, descendiente de uno de los señores feudales de la isla de Kyushu, es un palacio de estilo español, con jardín, patio interior, terraza y una espectacular sala de fumar con decoración mozárabe. La guerra, los terremotos y la costumbre de construir con madera han dejado a Tokio con muy pocas construcciones antiguas, por lo que la visita al Ogasawara ya merece la pena por su interés arquitectónico. La dirección ha sabido explotar esta característica y ofrece a los clientes, en su mayoría mujeres, un recorrido guiado por la mansión. Además, la empresa organiza cada año la Spanish Night, una gran fiesta con tapas, tuna y flamenco. Según el director, Wataru Ohgari, que presume de ser campeón del concurso de cortadores de jamón ibérico de Japón, "a los japoneses es más fácil presentarles la imagen de España relacionada con el sur".
Fachada de la casa del conde de Ogasawara. Foto JJuste

lunes, febrero 25, 2008

Un tren ultrarrápido unirá Tokio y Osaka en poco más de una hora

25/2/2008 NUEVA ERA FERROVIARIALOS PIONEROS
• Los 550 kilómetros que las separan se cubren ahora en dos horas y 25 minutos
Un Shinkansen a su paso por Shinagawa, la segunda estación de alta velocidad de Tokio. JJuste
JORDI JUSTE.TOKIO
Mientras el AVE acaba de unir Madrid y Barcelona, en Japón la línea del Shinkansen, el tren de alta velocidad que une Tokio y Osaka, va a cumplir ya 44 años y se empiezan a concretar los planes para construir una nueva línea ultrarrápida, que reduciría a poco más de una hora el trayecto de 550 kilómetros que separa las dos grandes metrópolis del país, que ahora se puede hacer en dos horas y 25 minutos.
Por otra parte, si en la capital catalana se cuestiona todavía la necesidad de contar con dos estaciones, en Tokio se cumplen más de cuatro años de la inauguración de la segunda estación del Shinkansen, Shinagawa. A partir de marzo, todos los trenes de alta velocidad de la línea Osaka-Tokio pararán en Shinagawa y en Yokohama.
COMO UN METRO
En estos momentos se calcula que unos 40.000 pasajeros suben o bajan del tren en la segunda parada de la capital. "Prefiero bajar en Shinagawa porque las conexiones con otras líneas son más sencillas que en la estación de Tokio", explica Mariko Morise, ejecutiva de una empresa de Osaka.
La línea que une Osaka y Tokio se conoce como Tokaido Sanyo Shinkansen. En sus 44 años de existencia, ha ido creciendo en importancia hasta convertirse en una especie de metro que une las dos ciudades con unos 300 trenes al día, que transportan a unos 400.000 pasajeros.
Entre sus principales virtudes están la fiabilidad y la seguridad. Los retrasos son escasos y hasta ahora solo ha descarrilado una vez a causa de un fuerte terremoto, pero no hubo ningún herido.
Tomar el tren de alta velocidad es algo que ha dejado de tener glamur para convertirse en una rutina para millones de japoneses. Los trenes se detienen muy brevemente en la mayoría de las estaciones, donde los pasajeros esperan para abordar en hileras dispuestas exactamente en los puntos donde van a estar las puertas. Los convoyes más largos cuentan con 16 vagones y pueden transportar hasta 1.300 pasajeros.
SIN CAFETERÍA
El billete básico da derecho a sentarse en alguno de los vagones de asientos sin reserva o a viajar de pie si estos están llenos. Los coches no tienen cafetería, pero continuamente circulan empleados con unos carritos de venta que sirven desde café o cerveza hasta bocadillos y obento, la típica comida japonesa servida en una caja.
El Shinkansen transporta cada año entre las dos principales ciudades de Japón a unos 150 millones de pasajeros, cinco veces más que los que optan por tomar el avión. "Con el tren puedo ir del centro de una ciudad al centro de la otra y además sin reserva", explica Akitoshi Yokota, empleado de una empresa de maquinaria industrial en Osaka.
LEVITACIÓN MAGNÉTICA
La compañía JR Tokai, que opera la línea, anunció recientemente su intención de seguir adelante con los planes para construir otro trazado entre Osaka y Tokio utilizando la tecnología maglev, que usa imanes que hacen que el tren levite sobre la vía y alcance velocidades superiores a las de los trenes convencionales.
Con los nuevos convoyes, el trayecto entre Tokio y Osaka podría hacerse en aproximadamente una hora, menos de la mitad del tiempo necesario actualmente. El principal problema que afronta el proyecto es su elevado coste, por la dificultad de hacer pasar una nueva línea de tren por unas zonas muy densamente urbanizadas. El presupuesto del proyecto se calcula en 10 billones de yenes (65.000 millones de euros).

Interior de un Shinkansen. JJuste

viernes, febrero 22, 2008

Furor en Okinawa por violaciones de militares estadounidenses

Jordi Juste
Okinawa vive días de gran tensión, provocados por varios casos de abusos sexuales y desórdenes protagonizados por militares estadounidenses. El caso que ha soliviantado esta vez especialmente a los japoneses se conoció la semana pasada con el arresto del sargento Tyron Hadnott, de 38 años, acusado de violar a una niña de 14 años. El militar ha negado los cargos, aunque ha admitido que forzó a la niña para besarla.
Ayer se supo que otro militar estadounidense se encuentra bajo custodia, acusado de violar este mes a una mujer filipina de 21 años en la ciudad de Okinawa. Además, durante el fin de semana, dos soldados más fueron detenidos en la isla, uno por conducir ebrio y el otro por allanamiento de morada. Todos estos casos han recordado la rabia que se apoderó de los isleños en 1995, cuando se produjo la violación de una niña de 12 años a manos de un soldado americano.
La província más pobre
La provincia de Okinawa, en el archipiélago de las Ryukyu, en el extremo sur de Japón, sirve de base a la mayor parte de los más de 30.000 militares estadounidenses estacionados en Japón. Es la provincia más pobre del país y sus dos principales fuentes de ingresos son las bases y el turismo, sobre todo nacional. Desde el final de la segunda guerra mundial hasta 1972, estuvo bajo soberanía americana. A las moltestias habituales causadas por la presencia de instalaciones militares, como ruidos y accidentes, se añade en estos momentos la inseguridad provocada por los excesos de la milicia.
La ira de los okinawenses y las protestas del gobierno japonés han obligado a las autoridades estadounidenses a decretar un toque de queda parcial indefinido. Por el momento, y se supone que hasta que se calmen los ánimos, los militares americanos y sus familias sólo pueden salir de las bases para ir a trabajar, a la escuela, a la iglesia o al hospital. Además, hoy viernes ha sido declarado “día de reflexión” en las bases para reafirmar los valores militares básicos. “Las fuerzas estadounidenses en Japón consideran seriamente todos los incidentes que afectan la conducta incorrecta de sus miembros. Como miembros responsables de la comunidad japonesa, seguiremos haciendo todo lo posible para prevenir incidentes”, declararon las autoridades americanas.
Agradecimiento
Por su parte, el gobierno japonés ha agradecido la reacción americana, al tiempo que trataba de dar una imagen de firmeza para aplacar el descontento de los okinawenses, que tienen que soportar buena parte del precio de la defensa del país. “Aunque damos la bienvenida, hasta cierto punto, se necesitan más medidas concretas para evitar la repetición de incidentes similares. La prohibición tiene sentido como primer paso”, declaró el portavoz del gobierno nipón, Nobutaka Machimura, tras anunciarse el toque de queda.
La presencia estadounidense
Desde el fin de la segunda guerra mundial, Estados Unidos mantiene una importante presencia militar en Japón. El país estuvo bajo ocupación americana hasta 1951, cuando recuperó la soberanía tras firmar un acuerdo de cooperación por el que Estados Unidos se compormetió a proteger a Japón de cualquier agresión extranjera y a cambio obtuvo el derecho de mantener instalaciones militares en el país.
Las bases en Japón jugaron un papel importantísimo en la participación americana en la guerra de Corea (1950-1953). Desde entonces, uno de sus principales cometidos ha sido servir de disuasión a las aspiraciones chinas de recuperar Taiwán, si es necesario por la fuerza. El hecho de que Japón sea un país muy densamente poblado ha provocado que las bases estén cerca de áreas urbanas y por ello han causado numerosos conflictos con la población civil.


miércoles, febrero 20, 2008

El Tribunal Supremo absuelve a Mappelthorpe de obscenidad

Pósters en la entrada de un cine de Osaka
JORDI JUSTE
El Tribunal Supremo de Japón falló ayer que una colección de fotografías de Robert Mappelthorpe (1946-1989) que contenía imágenes de genitales masculinos no es obscena. La decisión anula otra del Tribunal Superior de Tokio, que en 2003 dio la razón al gobierno contra el editor Tadashi Asai, que intentó introducir la muestra en Japón en 1999 y vio como las autoridades aduaneras la confiscaban por considerar que vulneraba el Código Penal, que prohibe la importación de material considerado obsceno. El mismo Tribunal Supremo, que ahora admite las obras de Mappelthorpe, falló en 1999, en un caso a parte, que algunos desnudos masculinos del fotógrafo neoyorquino contenidos en un libro eran obscenos.
Asai lllevo el caso de la colección a los tribunales y obtuvo en 2002 la nulidad de la confiscación y una indemnación, pero en 2003 el Tribunal Superior de Tokio falló a favor del gobierno por considerar que las fotos eran obscenas según la moralidad imperante en el país. Ahora el Tribunal Supremo da definitivamente la razón a Asai y admite la legalidad de la colección de Mappelthorpe por considerar que esta constituye un conjunto que permite a los compradores una comprensión global del trabajo del artista y que sólo una pequeña parte muestra genitales masculinos.
“Hasta ahora las autoridades han sido incapaces de considerar las cualidades artísticas y podían prohibir películas aunque sólo fuera por unas tomas de 30 segundos en una cinta de dos horas. En este caso la calidad artística en conjunto ha sido reconocida”, escribió ayer Asai en su página de internet. El editor, que también es importador de películas expresó, sin embargo, su temor a que a partir de ahora se pueda negar la entrada de obras en Japón por su falta de calidad artística.
La exhibición de genitales masculinos o femeninos está prohibida en el país, por lo que las películas o revistas pornográficas se publican siempre en Japón con esas partes distorsionadas en forma de mosaico o rascadas mecánicamente a mano, ejemplar a ejemplar. Lo paradójico es que se pueden encontrar legalmente, en videoclubs y librerías, obras que contienen escenas de violaciones o zoofilia, eso sí, con los genitales camuflados.

El país de los griposos enmascarados

19/2/2008 CRÓNICA DESDE KIOTO // JORDI JUSTE
Una pareja de japoneses con máscara en Osaka.
JORDI Juste
No es raro ver reportajes sobre contaminación en cadenas de televisión occidentales en los que se muestra a japoneses con la boca y la nariz tapadas por mascarillas quirúrgicas de color blanco o azul claro. Estas imágenes pretenden ilustrar la gravedad del problema de la polución y cómo los orientales intentan hacerle frente con soluciones individuales. Sin embargo, los japoneses no llevan las máscaras para protegerse de partículas de aire sucio, sino para evitar esparcir en lugares públicos virus como el de la gripe o para prevenir la entrada en las vías respiratorias de partículas de polen, a las que una parte creciente de la población es alérgica.
Al principio de estar en Japón, sobre todo en invierno o en primavera, una de las cosas que más choca a los extranjeros es la cantidad de gente que lleva las mascarillas en cualquier lugar público, como si se hubiera declarado una peligrosa epidemia. Las hay de diversos colores y con estampados que incluyen a varios personajes de dibujos animados, aunque las más abundantes son las lisas de color blanco. También hay variedad en cuanto a las formas y los tamaños, que van desde las que tapan justo las vías de entrada del aire hasta las que cierran toda la parte central de la cara a modo de bozal hermético. Además, algunas incluyen impregnaciones que desprenden un olor mentolado y que se supone que sirven para dilatar los bronquios y para mantener humedecidas las vías respiratorias.
Muchos japoneses desconocen que el uso generalizado de las mascarillas para evitar la propagación de la gripe está restringido a Japón y algún otro país de la zona, y se sorprenden de que en otros continentes los enfermos no eviten por este sistema que sus gérmenes asalten a otras personas a través de la tos o la simple respiración. Su incredulidad se debe en parte a que aquí una persona tiene que estar muy enferma para quedarse en casa, y si tiene unas décimas de fiebre generalmente acude a la escuela o al trabajo, a menudo en medios de transporte abarrotados. Además, en la cultura japonesa tradicional domina una obsesión por no causar molestias a los demás y la mascarilla sirve para avisar a los que están alrededor del peligro de contagio que conlleva acercarse al enmascarado.
A parte de tener ese carácter altruista de protección y aviso al prójimo, las máscaras evitan que el aire frío y seco entre directamente en la boca y en la nariz y ofrecen una sensación de protección a personas vulnerables por su físico frágil o a aquellos que no pueden permitirse ser víctimas de la gripe. En este grupo se encuentran los centenares de miles de estudiantes que en estos días preparan sus exámenes de ingreso en escuelas y universidades. Aprovechando su temor a sucumbir a los virus, este año un conocido fabricante ha repartido gratuitamente mascarillas a casi 5.000 alumnos de sexto de primaria de Tokio y Osaka que estudian en centros especiales de repaso para las pruebas de acceso a escuelas secundarias de prestigio. Con esta campaña la empresa reconoce tener la esperanza de estar asegurándose una clientela regular para el futuro.

Enamorados del chocolate

14/2/2008 CRÓNICA DESDE OSAKA // JORDI JUSTE
Tienda de chocolates en Osaka. JJuste
JORDI Juste
El 14 de febrero es el día de San Valentín, la fecha en que la costumbre exportada por Estados Unidos a medio mundo hace que los enamorados se demuestren sus sentimientos por escrito y en forma de regalos. En Japón también se celebra, pero tiene algunas peculiaridades: el regalo casi exclusivo es el chocolate, solo lo regalan las mujeres a los hombres y en muchas ocasiones es más una expresión de obligación social que de amor genuino.
Japón ha añadido a sus numerosas celebraciones tradicionales, algunas de ellas ancestrales, una gran cantidad de fiestas occidentales que se han adaptado muy fácilmente a las necesidades modernas de su industria, ávida por impulsar cualquier incentivo al consumo. Navidad y los días del padre y de la madre son algunos de los ejemplos más claros, junto con San Valentín, o varantain, que es como se pronuncia aquí.
Desde finales de enero, el chocolate es el gran protagonista en todos los centros comerciales del país. Las chocolaterías preparan productos especiales y contratan personal extra para hacer frente al incremento de la clientela en sus locales de venta habituales. Además, los grandes almacenes dedican plantas enteras a ferias del chocolate, con puestos dedicados a los principales fabricantes europeos y japoneses. Su esfuerzo se ve recompensado, ya que las ventas para el día de San Valentín representan el 15% de la facturación anual.
La costumbre de regalar chocolate la intentó introducir en 1936 la chocolatería Morozoff, de Kobe, pero su éxito definitivo se fraguó en 1958. Entonces, Kunio Hara, hijo de un chocolatero de Tokio intentó vender el producto como regalo ideal para los enamorados, pero la iniciativa fue un fracaso. Sin embargo, al año siguiente, tuvo la idea de vender chocolates en forma de corazón y parece ser que triunfó entre numerosas mujeres deseosas de expresar su amor. Las japonesas están poco acostumbradas a expresar sus sentimientos en forma directa, así que el corazón de chocolate resultó una forma ideal de comunicación.
Año tras año la costumbre se fue generalizando y fue derivando hasta convertirse en la obligación de las mujeres japonesas de regalar chocolate a los hombres de su alrededor, especialmente a aquellos que estaban en una situación social superior, es decir a casi todos hasta finales del siglo XX. Es lo que se conoce como guirichoco, o chocolate por compromiso. Paradójicamente, el chocolate, sea o no guirichoco, viene acompañado casi siempre de símbolos amorosos, como cupidos o corazones. A principios de los años 80 empezó a generalizarse también la celebración, el 14 de marzo, del White Day, en que se supone que los hombres deben recompensar con un regalo de valor superior a las mujeres que les han dado chocolate por San Valentín.
Las japonesas adquieren independencia y seguridad y con el crecimiento de estas cualidades va disminuyendo el guirichoco y aumentando el uso del chocolate como expresión de amor, o como mínimo de un afecto genuino, hacia enamorados, compañeros de trabajo, amigos o familiares cercanos.

JAPÓN: El copiloto del conductor ebrio también irá a prisión

14/2/2008 LA SEGURIDAD VIARIALAS MEDIDAS APLICADA EN OTROS PAISES
Pancarta de la campaña contra la conducción bajo los efectos del alcohol en Kioto. JJuste
JORDI JUSTE.KIOTO
El endurecimiento por parte de España de las penas y sanciones relacionadas con las infracciones de tráfico sigue la misma línea aplicada por numerosos países para combatir las muertes en la carretera. Las severas leyes de Francia y Japón se apoyan además en numerosas medidas (desde la instalación de sistemas que impiden arrancar el coche si el conductor está ebrio hasta la colocación de más radares) que llegan acompañadas de una creciente presión social contra los automovilistas que circulan bebidos.
Durante los tres últimos meses del 2007, el número de accidentes causados por conductores ebrios se redujo un 28% en Japón respecto al mismo periodo del año anterior. Asimismo, la policía detectó alcohol en un 37% menos de conductores que en el 2006. Las autoridades atribuyen la drástica reducción a la aprobación en septiembre de una ley que endurece los castigos para la conducción bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, en la primera mitad de 2007 el número de accidentes relacionados con el alcohol ya se había reducido el 40% por la presión social causada por varios casos que tuvieron una gran repercusión mediática.
Con la nueva norma, un conductor que supere el límite legal de 0,15 miligramos de alcohol por litro de sangre puede ser condenado a penas de hasta tres años de cárcel y castigado a pagar multas de hasta 500.000 yenes (3.200 euros), mientras que quien es sorprendido conduciendo con síntomas de intoxicación etílica se enfrenta a cinco años de cárcel y multas de hasta un millón de yenes. Además, la ley prevé penas similares para los cómplices, categoría que incluye a quienes viajen en un vehículo cuyo conductor esté ebrio.
CONCIENCIACIÓN
Japón lleva años aplicando programas de concienciación sobre los peligros del alcohol en la carretera, pero ninguno de ellos ha tenido tanto efecto como la muerte de los tres hermanos Ogami. Hiroaki, Tomoaki y Saaya, de 4, 3 y 1 año, respectivamente, viajaban con sus padres por una carretera cercana al mar en la provincia de Fukuoka cuando su vehículo fue alcanzado por detrás por el coche que conducía Futoshi Imabayashi, de 23 años, quien había bebido grandes cantidades de aguardiente.
El coche de los Ogami cayó al mar y, mientras los padres trataban sin éxito de rescatar a sus hijos, Imabayashi huyó. Horas después se entregó en una comisaría, al parecer, después de haber bebido mucha agua para diluir el alcohol. Un tribunal de Fukuoka lo ha sentenciado a siete años y medio de cárcel, pero la sentencia ha sido considerado demasiado blanda y ya ha sido recurrida.
REPERCUSIÓN
La desgracia de los Ogami causó gran furor en Japón y dio pie a una cruzada mediática para exponer públicamente a los conductores borrachos. Algunas administraciones y empresas han anunciado el despido de varios empleados que habían sido sorprendidos conduciendo bajo los efectos del alcohol, e incluso un diputado provincial de Tokio ha tenido que dimitir por este motivo.

domingo, febrero 10, 2008

Japón descubre los malos tratos a ancianos

Los hijos son los principales agresores y las madres las víctimas más comunes A menudo ni víctimas ni agresores son conscientes de serlo
Osaka. Jordi Juste
Casi 13.000 casos de abusos domésticos a ancianos fueron denunciados en Japón a lo largo del año pasado, según datos oficiales. El número, que incluye 32 asesinatos, puede parecer normal si se tiene en cuenta que Japón tiene una población de 127 millones de habitantes, de los que uno de cada diez tiene más de 75 años. Sin embargo, los expertos creen que las denuncias registradas son sólo la superficie de un problema mucho más profundo que no ha hecho más que comenzar a aflorar. “No es que aumenten los casos de abusos a ancianos, es que hasta ahora se consideraban una cuestión familiar y no se denunciaban. Por supuesto, la situación es alarmante”, explica Shigeko Yamamura, del Centro Japonés para la Prevención del Abuso a Ancianos.
Un estudio del Ministerio de Salud refleja que un 39% de los casos confirmados de abusos fueron perpetrados por hijos varones, mientras que los autores fueron las hijas en un 15% de ocasiones y los esposos de los ancianos también en un 15%. En cuanto a las víctimas, casi una de cada tres fue una mujer que vivía con su hijo soltero, lo que apunta a la incapacidad de muchos hombres, que han vivido hasta su madurez recibiendo los cuidados de sus madres, de cambiar de rol y pasar a soportar la carga de ocuparse de elllas.
Cambio sociocultural
El papel del hombre como cuidador de sus padres ancianos es algo nuevo en la sociedad japonesa. Hasta hace pocas décadas, prácticamente todos los japoneses se casaban, a menudo después de pasar por el omiai, proceso por el que las familias se encargaban de buscar parejas adecuadas a sus hijos. En esa sociedad, el hijo primogénito era el encargado de cuidar de sus padres en la vejez, una carga que en la realidad solía recaer normalmente en su mujer. Hoy en día, con un número creciente de solteros y divorciados, y con el acceso de las mujeres japonesas al mercado laboral, el peso cae a menudo sobre espaldas que no están preparadas para llevarlo. La profesión de cuidador doméstico de ancianos está en plena expansión en Japón, pero no todas las familias pueden y quieren recurrir a ssus servicios.
Huir de su propio hijo
En octubre de 2007, una mujer de 74 años murió en la provincia de Saitama, en los alrededores de Tokio, poco después de ser hospitalizada tras ser encontrada con síntomas de pneumonía y fracturas en varias costillas en el jardín de su casa, donde se había refugiado para huir de los ataques de su hijo, de 47 años. Los servicios sociales habían acudido después de recibir una denuncia de los vecinos, que venían oyendo gritos en la casa desde hacía meses. Se trata de un caso extremo que tuvo amplia repercusión en los medios de comunicación y contribuyó a dar a conocer a muchos japoneses el problema.
En 2006 el parlamento japonés aprobó una ley específica de prevención que especifica la existencia de cinco modalidades de abusos a ancianos: físicos, sexuales, verbales, por negligencia en el cuidado o económicos. Uno de los objetivos de la ley es dar cobertura legal a los denunciantes, ya que hasta su aprobación los trabajadores sociales que daban cuenta de abusos se arriesgaban a ser acusados de violación del derecho a la privacidad. Con la nueva norma no sólo tienen el derecho sino la obligación de informar y los servicios sociales de los ayuntamientos pueden ejercer la custodia de los mayores y restringir el contacto con sus familiares si es necesario.
Falta de conciencia
Una de las principales dificultades para hacer frente al problema es la falta de conciencia de su gravedad. “El abuso normalmente se produce a puerta cerrada y a menudo tras años de complejas relaciones familiares. En muchos casos los que los llevan a cabo son responsables de negligir derechos humanos y no se dan cuenta de ello”, afirma un informe de la Federación Japonesa de Colegios de Abogados.
En concreto, un 54% de los que abusan de personas mayores no creen estar haciéndolo. En cuanto a las víctimas, muchas se acusan a ellas mismas de ser las culpables de la situación y, en el caso de ser los padres de los abusadores, consideran una obligación estar hasta el final junto a unos hijos a los que creen no haber sabido educar. En otros casos los padres simplemente no quieren huir de sus hijos por miedo a que estos les roben sus posesiones.