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miércoles, marzo 24, 2010

«PARECÍA ALEGRE Y BUENA...»

23/3/2010 HÁBITOS SOCIALES EN EXTREMO ORIENTE
Una banda de estafadores timó a casi un millón y medio de internautas japoneses que buscaban pareja
Atraían a sus víctimas mediante las redes sociales gratuitas
Pasión por el ligue por internet. Imagen de una web de contactos. Foto: GONZALO ROBLEDO

JORDI JUSTE.BARCELONA
Hace poco más de un año, un estudiante japonés recibió un mensaje de una chica llamada Sanae en una popular red social gratuita de internet. El texto decía que había leído el perfil del chico y había visto que vivían en la misma provincia y compartían algunas aficiones. A partir de ahí, se entabló una relación virtual fluida que fue haciendo que el chico, que vivía solo y se sentía aburrido, fuera cogiendo confianza. Al cabo de una semana, Sanae le dijo: «Usar esta página es un engorro. ¿Podrías entrar en mi blog y colgar ahí tus mensajes?».
El chico hizo caso de la sugerencia y el intercambio de mensajes se mantuvo sin problemas en el blog de Sanae. Sin embargo, unos días después, recibió una factura de 30.000 yenes (aproximadamente 250 euros) por el uso de la página. El estudiante se sorprendió, pero su confianza en Sanae y el deseo de encontrarse con ella en el mundo real eran muy fuertes, así que siguió intercambiando mensajes hasta que logró arrancarle una cita. «La quería ver como mínimo una vez», afirmaría luego. Por supuesto, Sanae no compareció y el chico empezó a recibir correos electrónicos apremiándolo a pagar 300.000 yenes (unos 2.500 euros) si no quería ser denunciado. Aterrorizado, pagó.
Este es solo un ejemplo del casi millón y medio de víctimas a las que, según la policía japonesa, un grupo de timadores sacó aproximadamente 2.000 millones de yenes (más de 16 millones de euros) durante los cuatro años que actuó en la red. La banda, liderada por Noriyuki Hoshi, de 33 años, funcionaba desde Kabuki-cho, un barrio de Tokio famoso por sus locales de alterne. Desde ahí, gracias a internet, podían engañar a hombres incautos de todo el país deseosos de encontrar a mujeres. A uno de ellos consiguieron hacerle pagar casi tres millones de yenes (cerca de 25.000 euros).
En el local de la capital, hasta 80 empleados se repartían el día en tres turnos para usar unos 200 ordenadores con los que se hacían pasar exactamente por la mujer que sus víctimas estaban deseando. La mayoría de ellos cobraban 1.000 yenes (unos ocho euros) a la hora por su trabajo. El modo de actuación era siempre el mismo: Se ganaban la confianza de un hombre en una red social gratuita y lo invitaban a acceder a un blog asociado a una página de pago supuestamente especializada en emparejamientos. Muchos hombres pagaban, pero otros optaban por hacer reclamaciones o amenazar con denunciar a los administradores. Cuando acumulaban un gran número de quejas, cerraban la página y abrían una nueva.
170.000 perfiles femeninos
«Parecía alegre y buena y yo quería intimar más con ella. No puedo creer que fuera un fraude», declaró el estudiante antes citado a la policía. Según los agentes encargados de contactar con las víctimas, no fue el único sorprendido. «Yo ahora salgo con una chica que se llama Raraka», llegó a decirles uno de los afectados. Para él, esa universitaria de 19 años a la que le gustaba ir de compras era su novia, pese a que no la había visto.
En realidad, detrás de Raraka estaba uno de los empleados de Hoshi, que llegaron a inventarse hasta 170.000 personajes femeninos y cortarlos a la medida de sus víctimas. Si veían que el hombre tenía inquietudes culturales, se transformaban en una mujer lectora y aficionada a tocar algún instrumento; si creían que el hombre buscaba una mujer ambiciosa y dominante, mandaban una foto donde aparecía ella rodeada de billetes de banco, o le hacían escribir: «Tengo un Mercedes, cuando quieras podemos ir a dar un paseo».
En Japón existe una larga tradición de formar parejas con la ayuda de un intermediario. El omiai, o matrimonio concertado, era la práctica habitual para emparejar a los japoneses hasta los años 70. Hoy sigue usándose en zonas rurales, aunque la mayoría de los jóvenes ya encuentran novio o novia sin la intercesión de la familia.
Fiestas de solteros
Más vigente está todavía la costumbre de organizar fiestas llamadas compa para solteros, a fin de que encuentren a alguien con quien empezar a salir. Pero cada vez más japoneses optan por relacionarse con personas a las que conocen en internet y en los últimos años han proliferado las páginas especializadas, llamadas deaikeisaito, y las que sirven explícitamente para formar matrimonios, las kekkonsaito.
Japón es uno de los países con una mayor extensión del uso de internet. Además, las páginas de redes sociales del tipo de Facebook ya llevan mucho tiempo implantadas, y con gran número de usuarios (las dos más populares, Mixi y Gree, suman más de 30 millones de inscritos). La confianza de los usuarios en estas páginas fue una de las claves del éxito de la estafa de las mujeres falsas. «Si hubieran invitado de entrada a las deaisaito la gente habría sospechado. En cambio, al estar inscritas en una red social, creían que eran mujeres de verdad», explica un responsable de la investigación.

jueves, octubre 16, 2008

LA ESTAFA DEL CAJERO

16/10/2008 INCREMENTO DE LA ACTIVIDAD DELICTIVA EN EL LEJANO ORIENTE
En Japón, los timadores se ceban en amas de casa y ancianos haciéndose pasar por funcionarios
• Les engañan telefónicamente para que les transfieran todo su dinero
La vía del delito Cajeros automáticos en una sucursal del banco Mitsubishi Tokyo UFJ, en Kioto. Foto: JORDI JUSTE

En los últimos años han aumentado en Japón los casos de personas mayores y amas de casa engañadas por timadores profesionales. Los estafadores consiguen que transfieran dinero a sus cuentas corrientes mediante el uso de teléfonos móviles para comunicarse con sus víctimas, y cajeros automáticos para realizar las transacciones. La policía calcula que entre enero y junio se defraudaron así más de 16.000 millones de yenes (unos 100 millones de euros). El aumento del número de ancianos que viven solos hace más fácil para los timadores encontrar víctimas al azar.
Una de las modalidades más frecuentes de timo la protagonizan personas que se hacen pasar por empleados de la Seguridad Social o de la oficina de recaudación de impuestos. Los falsos funcionarios comunican a sus víctimas que se les ha cobrado dinero de más y que para podérselo devolver es necesario que acudan a un cajero automático. Una vez allí, los incautos ciudadanos son guiados mediante el teléfono móvil en el uso del teclado del cajero, y los timadores consiguen que den la orden de transferir fondos a sus cuentas, pensando que lo que hacen es el trámite para recibirlos.
De manera simple
"Parece increíble que sea posible engañar a la gente de una manera tan simple, pero las víctimas cuentan que los timadores eran muy convincentes y que, una vez delante del cajero automático, seguían sus instrucciones prácticamente con la mente en blanco", explicó un agente de policía.
La magnitud del problema llevó recientemente al Ministerio de Justicia y a la Agencia Nacional de Policía a recomendar a los bancos la prohibición del uso de gafas de sol o de teléfonos móviles en las inmediaciones de los cajeros. "Los estafadores solo se dejan ver para sacar dinero en los cajeros. Así esperamos ponerles más difícil el acercarse a ellos", declaró recientemente un portavoz de la policía. Asimismo, las autoridades han hecho más estricto el control sobre los propietarios de teléfonos móviles y ya está en curso una iniciativa legal para mejorar la identificación de las personas que usan aparatos de alquiler, una de las vías preferidas por los delincuentes para evitar ser localizados.
Por su parte, las entidades financieras también están aplicando medidas para proteger a sus clientes. El Chiba Bank, una entidad regional de los alrededores de Tokio, ya ha situado junto a algunos de sus cajeros distorsionadores de la señal telefónica que se activan fuera de horas de oficina. Otra institución financiera, el Godo Bank, ha optado por instalar un mecanismo que detecta la presencia de los móviles en las inmediaciones y hace que no se pueda operar con los cajeros.
La estrategia de engaño de los timadores se ha ido modificando en los últimos años debido a las campañas de concienciación llevadas a cabo por las autoridades. Hasta hace poco, una de las más usadas era hacerse pasar por un pariente en apuros y con necesidad urgente de dinero. Era el conocido como ore, ore sagyo (el timo del soy yo, soy yo). Los timadores llamaban y simplemente decían: "Hola, soy yo" y, si la víctima caía en la trampa y decía algo así como "ah, eres tú, Akira", ya tenían el enganche necesario para colar una historia para pedir dinero, a menudo un accidente o una amenaza mafiosa.
Cambio de táctica
El esquema fue tan utilizado y se le dio tanta publicidad en los medios de comunicación que los timadores tuvieron que cambiar de táctica. Una de las alternativas es llamar a las mujeres para amenazarlas de difundir una noticia vergonzosa sobre su esposo. "A mí no me ha pasado nunca, pero si me llaman para decirme que a mi marido lo han sorprendido tocando a mujeres en el tren y que ingrese dinero en una cuenta si no quiero que lo denuncien, tal vez lo haría", dice una ama de casa de 43 años.
La policía sigue dando a conocer periódicamente los últimos datos sobre estos fraudes como modo de poner en guardia a la población. Recientemente, la televisión pública difundió las imágenes de dos presuntos timadores que habrían estafado varios millones de yenes. Por otra parte, para resarcir en parte a las víctimas, en junio entró en vigor una nueva ley que prevé distribuirles los más de 5.000 millones de yenes (30 millones de euros) que la Corporación de Garantía de Depósitos ha identificado en cuentas bancarias usadas por delincuentes para estas estafas y que han sido congeladas.