miércoles, noviembre 09, 2016

El yakuza que inspiró a Bob Dylan




La concesión del Nobel de literatura a Bob Dylan ha servido para recuperar el endémico tema de los límites entre inspiración y plagio en la creación artística. La obra del cantautor de Minnesota está repleta de referencias explícitas a otros artistas, de homenajes y hasta de préstamos literales. Unas veces se trata de compases, otras de frases enteras incrustadas en las letras de sus canciones. Y no siempre han merecido el reconocimiento explícito de Dylan a sus deudores.
Las listas de acreedores de la inspiración de Dylan elaboradas por los conocedores de su obra son diversas, pero suelen coincidir en algunos autores, entre los que destacan Woody Guthrie, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs, William Blake, Bertolt Brecht, Arthur Rimbaud, Ezra Pound, Lev Tolstoi y Junichi Saga. Los nueve primeros son conocidos por gran cantidad de lectores en todo el mundo; el último no es famoso ni entre los amantes de la literatura japonesa. Y, sin embargo, Saga es uno de las fuentes más indiscutibles de las que ha bebido Dylan.
Junichi Saga
Junichi Saga es un médico rural jubilado con sensibilidad y talento literario. En Memorias de un yakuza nos relata sus conversaciones con Eiji Ijichi, padrino de una familia clásica de la mafia japonesa dedicada al juego ilegal. El personaje tiene tanta fuerza que podría ser una creación ficticia, pero no lo es. Ijichi nos atrapa con su propio carácter y nos presenta un elenco de personajes secundarios de gran interés que pasan por su vida: otros jefes de la yakuza, esbirros, jugadores empedernidos, policías, carceleros, mineros revolucionarios, militares, fiscales despiadados, bandidos, asesinos de alma cándida, vendedores ambulantes, comerciantes ricos y pobres, barqueros, estibadores, jornaleros, traficantes de droga, geishas, hijas de buena familia, carabinas, concubinas, prostitutas, camareras, prestamistas, adivinos, vividores...
Se trata de un mundo fascinante y bastante apartado de la imagen de la yakuza que han forjado la literatura y el cine. El moribundo Ijichi no es un asesino despiadado. Tampoco un bandido arrepentido. Simplemente es una persona consciente de haber tenido una vida excepcional. Y que la cuenta con autenticidad, sin ganas de embellecerla ni de justificarla. Eso es lo que atrapa de un libro repleto de frases memorables que suenan con naturalidad. Tantas que es fácil imaginarse a un gran lector como Dylan doblando sus páginas, subrayando frases y añadiendo comentarios al margen. Su uso posterior en su álbum Love and Theft es innegable, más allá de que se pueda considerar legítimo o espurio desde un punto de vista artístico.
Love and Theft     
Love and Theft es el álbum número 43 en la discografía de Dylan. Apareció en 2001 y fue bien recibido por la crítica especializada. David Fricke dijo en el resumen del año para la revista Rolling Stone que «la agresiva claridad de Dylan en Love and Theft es el arte de un hombre embravecido, no amenazado, por la edad y la crisis»; y añadía que su sonido, «en una nación de repente redefinida por la pérdida» (estamos en la América del 9/11), era «un gran consuelo, inspiración y entretenimiento».
Nadie habló entonces de Junichi Saga. Tuvieron que pasar un par de años para que Chris Johnson, un profesor de inglés originario también de Minnesota y residente en Japón, leyera Confessions of a Yakuza, la traducción de John Bester de Asakusa bakuto ichidai. Al parecer, a Johnson, fan de Dylan, le llamó la atención la descripción que el protagonista hace de su padre en una de las primeras páginas del libro: «My old man would sit there like a feudal lord». Rápidamente le recordó la frase «My old man, he’s like some feudal lord» que aparece en el tema Floater, del álbum de su paisano.  A partir del hallazgo, Johnson se dedicó a escrutar el álbum y el libro en busca de otras semejanza y llegó a identificar hasta doce bastante obvias que hizo públicas en la página web Dylanchords.
Deuda no reconocida
El descubrimiento tuvo repercusión en algunos medios japoneses y estadounidenses, generó la polémica que todavía dura y sirvió para que se relanzara el interés por la obra de Saga. Dylan nunca ha querido comentar específicamente el caso. Mikal Gilmore se lo planteó explícitamente en la entrevista que le hizo en 2012 para Rolling Stone, pero el cantante respondió de forma genérica, explicó que la cita es algo común en el mundo de la música y trató de cobardes a los que le acusan de plagio.

El doctor Junichi Saga admitía ya en 2003 al Wall Street Journal que le gustaría que Dylan reconociera su influencia. También que no tenía ninguna intención de demandarlo. Al contrario, Saga siempre se ha mostrado «halagado» por el uso que Dylan hizo de Memorias de un yakuza en Love and Theft. Seguramente, sin este disco, el relato de la vida del oyabun Eiji Ijichi habría pasado sin pena ni gloria, nos hubiéramos perdido un libro excelente y casi nadie sabría quién es Junichi Saga. Dylan y Saga tienen deudas cruzadas. El doctor ha reconocido la suya, esperemos que el cantautor no tarde en hacerlo (ambos tienen ya 75 años).

martes, julio 19, 2016

Los samuráis enseñan historia de Japón.


Ya he podido leer el excelente Historia de los samuráis, del profesor Jonathan López-Vera, autor de la web http://www.historiajaponesa.com. Es un libro que recomiendo a todos los interesados en la historia de Japón, no sólo a los que se sientan atraídos por la figura de la clase guerrera. Los bushi son el pivote alrededor del cual giran los acontecimientos de la vida del país, pero el autor les da justo la importancia que tienen, basándose en datos y en lo aceptado por la comunidad académica internacional. Es un libro riguroso, pero no sólo para eruditos. Se le nota la voluntad pedagógica y está bien escrito. Dicho de otro modo, es una lectura agradable y con la que se aprende. Se puede comprar directamente en Satori: http://satoriediciones.com/libros/historia-de-los-samurais/.

lunes, marzo 07, 2016

Fútbol, comunicación, pancartas y glocalización

Fútbol, comunicación, pancartas y glocalización

La globalización del fútbol es un fenómeno de especial interés desde el punto de vista de la comunicación. El FC Barcelona y el RCD Espanyol de Barcelona sirven para explicar la importancia de la comunicación en la repercusión mundial de dos entidades deportivas de origen local. 
El último derbi entre el Espanyol y el Barça será recordado, probablemente, como el de las pancartas, una forma de comunicación más o menos espontánea, poco estudiada y posiblemente condenada a la marginalidad por el exceso de celo. La afición del Estadio del RCD Espanyol Cornellà-El Prat exhibió varias, y no todas eran ofensivas. Entre las que no lo eran, había dos referidas al origen de los fundadores de los dos clubes, suizos los culés, catalanes los pericos. Lo cierto es que entre los aficionados al deporte que en 1899 crearon el Football Club Barcelona había extranjeros y catalanes; en cambio, los fundadores, en 1900, de la Sociedad Española de Football eran catalanes o de otras partes de España. Eran los tiempos en que el fútbol era sólo un juego, expandido siguiendo la estela del poder británico y que apenas comenzaba a institucionalizarse en Cataluña. 

Con el paso de los años, a uno y otro club se le fueron sumando aficionados locales, primero como practicantes y luego como espectadores. El fútbol fue creciendo en importancia social y cada entidad fue asumiendo una significación diferente, marcada tanto por los propios actos como por la interpretación que la sociedad fue haciendo de los mismos. En este sentido, no se puede ignorar la carga simbólica asociada al nombre de uno u otro club: no es lo mismo llevar el nombre de la capital de Cataluña que recordar con el nombre que ésta forma parte de España. 

En las últimas décadas, el fútbol no sólo se ha globalizado, sino que se ha convertido en un ejemplo paradigmático del aumento de la interconexión real y de la conciencia del mundo como lugar compartido por toda la humanidad. Aunque de forma desigual en unos y otros países, el fútbol es ahora un fenómeno social importante que afecta a casi todo el mundo. Y si es así es gracias a la comunicación. Quizás es una obviedad pero, desde el punto de vista de la comunicación, conviene recordarlo. En Barcelona contamos con dos clubes que son claros ejemplos de cómo lo local y lo global se afectan mutuamente. Nos interesa explotar esta circunstancia y convertir la comunicación en el eje de una investigación académica sobre la globalización y el fútbol que, aun así, conviene que sea multidisciplinaria. 

Hasta ahora, la investigación de la globalización en general y del fútbol en particular se ha llevado a cabo, sobre todo, desde la sociología. En el caso del deporte, destaca la aportación de Robertson y Giulianotti que, en el artículo que lleva por título The globalization of football: a study in the glocalization of the 'serious life', sitúan el deporte como "epicentro de los procesos de globalización contemporáneos" y utilizan el concepto de glocalización para referirse a transformaciones locales, al desarrollo de identidades particulares y a las diversas formas de organización institucional, en este caso, del fútbol. A Giulianotti le debemos, además, el artículo que, bajo el título Supporters, followers, fans, and flâneurs: a taxonomy of spectator identities in football, propone una de las clasificaciones más exitosas de los aficionados, en la que sitúa las cuatro categorías en un eje en que los supporters son los más ligados a las tradiciones y los clubes locales y los flâneurs son los más desligados de lo local y orientados al consumo. 

La comunicación juega un papel fundamental en la relación de todos los aficionados con su equipo favorito, diferente según el vínculo que mantengan: no es el mismo en el caso del abonado que ve los partidos directamente en el estadio que en el del espectador situado en otro continente y que sólo los puede ver por televisión. En todo caso, en el fútbol globalizado, los equipos profesionales no pueden permitirse renunciar a ningún tipo de aficionado; y para encontrarlos, atraerlos, hacérselos suyos o conservarlos, la comunicación es esencial. 

En los últimos años, el FC Barcelona ha sido uno de los clubes más exitosos del mundo en sumar y mantener followersfans y flâneurs sin perder a sus supportersnaturales. La última fase de la globalización, la que ha convertido el fútbol de élite europeo en un espectáculo mundial, ha coincidido con una etapa exitosa del equipo, que ha sabido comunicar al mundo la idea de una identidad deportiva basada en un estilo de juego caracterizado tanto por la efectividad como por la belleza. Sin renunciar a su identidad sociocultural, el FC Barcelona ha sabido abrirse al mundo, tal como ejemplifica su página web multilingüe. Actualmente, el Barça tiene más adeptos fuera que dentro de Cataluña y también depende en gran medida de los ingresos que obtiene en el extranjero, pero sigue siendo un club que pertenece a sus socios, mayoritariamente catalanes. 

Por su parte, el RCD Espanyol de Barcelona pertenece ahora, mayoritariamente, a un ciudadano chino. En cambio, no ha sido capaz, de momento, de dar el salto que requiere competir en el fútbol global, a pesar de realizar algún intento de entrar a vender su marca en mercados extranjeros de aficionados, como el fichaje de Shunsuke Nakamura en 2009, decidido más con criterios de marketing que deportivos. Además del capital, al Espanyol de Barcelona hasta ahora le ha faltado una idea futbolística que pueda resultar atractiva tanto para el supporter local españolista de toda la vida como para el potencial flâneur que consume fútbol televisado desde cualquier lugar del mundo. 

Ya han pasado más de ciento quince años de la fundación del Barça y el Espanyol y no hay duda de que ambos son clubes catalanes aunque dependan del extranjero para captar capital (en forma de patrocinadores o de accionistas), jugadores y aficionados. No debemos olvidar que el fútbol ya no es sólo un juego, ahora es, sobre todo, un espectáculo que aspira a captar audiencia en todo el mundo, un show televisivo en que el plató es todo el estadio. Por eso es tan importante lo que se comunica desde el césped como lo que se hace en la grada: hablan tanto los goles como las pancartas. 

COMeIN, revista de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, Número 53 (marzo de 2016)
http://comein.uoc.edu/divulgacio/comein/es/numero53/articles/Article-Jordi-Juste-Garrigos.html#.Vt1N2enopUs.blogger

Para saber más:

Giulianotti, R. and Robertson, R. (2004) The globalization of football: a study in the glocalization of the 'serious life'. The British Journal of Sociology, 55(4), 545-568. doi: 10.1111/j.1468-4446.2004.00037.x 

Giulianotti, R. (2002) Supporters, followers, fans, and flâneurs: a taxonomy of spectator identities in football. Journal of Sport & Social Issues, 26(1), 25-46. doi:10.1177/0193723502261003

domingo, noviembre 22, 2015

El kamikaze que no quería morir

La película de 2013 Eien no Zero (Zero eterno) de Takashi Yamazaki, basada en la novela homónima de Naoki Hyakutaka de 2006, narra la historia de un piloto suicida durante la Segunda Guerra Mundial. Miyabe es un hábil aviador que insiste en su deseo de volver sano y salvo junto a su mujer y su hija, por lo que es acusado de cobarde por muchos de sus compañeros. Finalmente, termina presentándose voluntario para un ataque suicida contra un portaaviones estadounidense.
En Japón tanto la novela como la película generaron controversia entre los que las acusaban de glorificar la guerra y justificar a los kamikaze y aquellos que veían todo lo contrario. Yo me decanto por la segunda opción; no creo que intentar entender las circunstancias que llevan a alguien, en un momento de su vida, a tomar una decisión sea equivalente a condonarla.
La trama se construye a partir de la investigación que hace el nieto de Miyabe, Kentaro, en 2004 para entender las razones que llevaron a su abuelo a inmolarse. Hay una escena en la que los amigos de Kentaro, cuando éste les habla de lo que pretende, le dicen que los pilotos kamikaze japoneses hacían lo mismo que hacen hoy en día los terroristas suicidas, y él reacciona con enfado. También para nosotros las semejanzas son tan evidentes que hemos dado en llamar kamikaze a cualquier atacante suicida, pero siempre es bueno ir más allá de las apariencias.

miércoles, marzo 26, 2014

Memorias de un yakuza: Un descubrimiento

Artículo aparecido en Altaïr.
Cuando me trajeron el libro Memoires d'un yakuza para que estudiara la posibilidad de publicar una versión española, reaccioné con una gran prevención. Un título tan atractivo y la espectacular espalda de mujer tatuada que aparecía en la portada de aquella edición francesa me hicieron temer que aquél fuera un producto con mucho atractivo comercial pero escaso valor literario. Imaginé una historia simple y llena de guiños al lector aficionado a los estereotipos, con unos malos muy malos enzarzados constantemente en sangrientas reyertas entre clanes rivales o en exóticos e incomprensibles rituales iniciáticos. Tampoco me ayudó a afrontar el libro con un espíritu positivo ver que no era una traducción directa del japonés, sino una versión de la inglesaConfessions of a Yakuza que yo recordaba haber visto alguna vez en las estanterías de la librería Kinokuniya de Osaka.
Bastaron, sin embargo, unas páginas de lectura para que me diera cuenta de mi error y admitiera que estaba frente a una obra de gran calidad literaria y enorme interés para alguien deseoso, como yo, de conocer la realidad japonesa desde nuevos ángulos. Rápidamente vi que la narración hecha por Junichi Saga, un médico rural con sensibilidad y talento artístico, de sus conversaciones con Eiji Ijichi, el paciente más apasionante que jamás haya pasado por su consulta, tiene la sangre y los rituales justos y necesarios para ser fiel a los recuerdos del padrino de la Dewaya, una familia clásica de la yakuza, la mafia japonesa dedicada a la explotación de garitos de juego ilegal.
El doctor Saga juega en esta obra, con maestría, los papeles de notario y consejero. Fedatario del anciano delincuente que nos cuenta su historia en primera persona; y consuelo del lector, al que ayuda a comprender su propia fascinación por una vida nada edificante. Saga juega esos dos roles a partir de una renuncia previa a hacer de moralista para condenar o justificar la forma de vida del mafioso; deja, en cambio, que sea él mismo quien explique un destino que «comenzó a torcerse cuando tenía quince años» y que narre, con sus propias palabras, acciones que no es necesario que el lector admita como correctas para que llegue a comprenderlas en el contexto en el que se producen.
El personaje tiene tanta fuerza que podría ser una creación ficticia de la mente del doctor Saga. Pero no lo es, y eso todavía le confiere un mayor magnetismo. Eiji Ijichi nos atrapa con su propio carácter y nos presenta un elenco de personajes secundarios de gran interés: otros jefes de layakuza, esbirros, jugadores empedernidos, policías, carceleros, mineros revolucionarios, militares, fiscales despiadados, bandidos, asesinos de alma cándida, vendedores ambulantes, comerciantes ricos y pobres, barqueros, estibadores, jornaleros, traficantes de droga, geishas, hijas de buena familia, carabinas, concubinas, prostitutas, camareras, prestamistas, adivinos, vividores...
A través de la historia de su vida y de las de esas muchas otras personas que conoció, Eiji Ijichi construye un mosaico del Japón de la primera mitad del siglo XX. Nos muestra la vida en Utsunomiya, una pequeña villa de provincias, y sobretodo en Asakusa, lo más parecido a un casco antiguo de ciudad europea en el Tokio de principios de siglo XX. Pero también nos enseña otros ambientes, como Oiso, una zona residencial para gente bienestante en los alrededores de la gran ciudad; o los confines del imperio, en lo que hoy en día es Corea del Norte.
En esos lugares transcurren las vidas de los personajes, con el telón de fondo de acontecimientos que marcaron la historia del Japón contemporáneo: las luchas obreras, el ascenso al trono de Hirohito, el gran terremoto de Kanto, la expansión del imperio, los bombardeos durante la guerra, la dura posguerra... Este es el decorado histórico ante el que se suceden vidas de personas cuyos nombres no suelen aparecer en los libros de historia.
Una gran parte pertenecen a los bajos fondos. No podría ser de ningún otro modo tratándose de gente que se cruzó directamente con Eiji Ijichi. Pero el suyo es un submundo bastante distinto al que nos han transmitido el cine de Hollywood y las películas de Takeshi Kitano. Sobretodo porque Ijichi era un jefe de una familia tradicional de la yakuza, que no se dedicaba a gestionar burdeles, a traficar con drogas o a colocar en el mercado moneda falsa. Los yakuza auténticos como los de la Dewaya se limitaban entonces a gestionar, con rigor e ingeniosas técnicas demarketing, pero sin trampas, los garitos donde se tiraban los dados y se apostaba a par o impar. Los otros mafiosos, los que fuera de Japón se ha terminado por creer que eran los clásicos, también aparecen en este libro, en muchas ocasiones porque su protagonista se afana en dejar claras las diferencias con los suyos.
Todo esto y más está en las versiones inglesa y francesa, pero la edición de Memorias de un yakuza que ahora publica Altaïr en España tiene valores que no tienen aquellas. Como la inglesa, esta es una traducción directa del japonés; pero, a diferencia de aquella, se trata de una versión íntegra, donde no se han suprimido ni descripciones escabrosas ni expresiones de difícil traducción ni pasajes que a alguien quizá le pudieron parecer digresiones innecesarias para conocer la vida de Eiji Ijichi pero que nosotros consideramos de gran valor literario y testimonial del mundo en el que vivió. 

El autor, Junichi Saga.
Nuestra versión sigue, en cuanto al título, la senda correcta marcada por las ediciones inglesa y francesa. En japonés se titula Asakusa Bakuto Ichidai, outlaw ga mita Nihon no yami, que se podría traducir al español como Una vida de jugador en Asakusa, los bajos fondos japoneses vistos por un fuera de ley. Es un título muy descriptivo y apropiado para el mercado japonés, donde la palabra yakuza es poco menos que tabú y, en contextos formales, se prefiere el términoboryokudan, que significa «grupo violento» y puede servir para referirse a un amplio abanico de asociaciones de malhechores. Para el publico español es mucho más claro Memorias de un yakuza.
En cuanto a la imagen de la portada, en lugar del bello pero engañoso cuerpo de una mujer, se ha preferido la espalda tatuada de un hombre, mucho más próxima a la que aparece descrita por el autor en la primera página del libro. Desgraciadamente, Junichi Saga nunca se atrevió a pedirle permiso a Eiji Ijichi para fotografiar el dragón a punto de comerse a una mujer de pie sobre una flor que decoraba la parte trasera de su torso. Es una lástima, como también que el doctor no tuviera más tiempo para escucharle. Solo nos queda lamentar con él que Eiji Ijichi «se fue a otro mundo, y ya no hay nada que hacer».
---
Memorias de un yakuza ha sido traducido por Jordi Juste Garrigós y Shizuko Ono (Juste Ono), está ya a la venta y tendrá su presentación oficial el próximo 29 de abril en el Espai Fòrum de la librería Altaïr de Barcelona. 

jueves, noviembre 21, 2013

鍵 La llave de Tanizaki

Interesante novela de madurez de Tanizaki. Aborda la sexualidad y sus límites a partir de la relación entre un hombre mayor y su esposa bastante más joven. Utiliza como recurso los diarios que ambos escriben. Los protagonistas viven transitando por los límites que se establecen entre apariencia y realidad, generosidad y egoísmo, introspección y comunicación, necesidad de privacidad y afán exhibicionista, respeto a la privacidad y escopofilia, fidelidad y adulterio. De fácil lectura. Hay una versión castellana de Keiko Takahashi y Jordi Fibla y otra catalana de Albert Nolla.

jueves, octubre 17, 2013

Visión lírica de Japón en Kinfolk.


Me han prestado el volumen número 8 de la revista Kinfolk, dedicado a Japón. Esta publicación norteamericana cuatrimestral dice que reúne ideas de artistas, escritores, diseñadores, fotógrafos, cocineros y otras personas interesadas en crear pequeños encuentros o descubrir cosas nuevas para construir y hacer. Por lo que veo en la página web (http://www.kinfolk.com), tiene siempre un punto de lirismo y participa del espíritu LOHAS (Lifestyles of Health and Sustainability).
Aplicados a Japón, estos dos elementos impulsan una mirada del país que busca deliberadamente muestras de wabi-sabi y mono no aware. Mi mujer, cuando la vio dijo que le recordaba el Japón de cuando ella era pequeña, es decir, de hace unas décadas. Ciertamente, Kinfolk presenta una visión de Japón que no es ni general ni representativa, solo enfoca imágenes y formas de vida que ligan con su ideal. Sea o no el vuestro, es una publicación estimulante.

Una buena novela de Keigo Higashino

Mukashi bokuga Shinda ie (La casa donde antaño yo morí) es una buena novela escrita por Keigo Higashino hace casi veinte años. La resolución de un misterio sirve para recuperar una parte perdida de la memoria de la coprotagonista. Esa es la excusa para investigar, sin pretensiones excesivas, sobre el recuerdo, el olvido y la huella que dejan el uno y el otro en la identidad de las personas que los experimentan. Tangencialmente, aparece también el tema del maltrato infantil. Es muy recomendable. Pero, que yo sepa, sólo está traducida al francés.

martes, octubre 08, 2013

Japón, oportunidad de benchmarking


Japón es una oportunidad excelente de benchmarking para las empresas: si logramos llegar, estaremos preparados para entrar en otros mercados. Es lo más destacable de la intervención de Amadeo Jensana, director de Economía y Empresa de Casa Asia en la presentación del desayuno de trabajo sobre Japón que ha tenido lugar en la sede de Acció (Agencia para la Competitividad de la Empresa de la Generalitat) en Barcelona.
Jensana ha explicado que el japonés es un mercado exigente, selectivo y competitivo donde las relaciones humanas y la lealtad siguen siendo elementos indispensables para el buen desarrollo de los negocios y donde en los últimos tiempos se ha paliado el efecto pernicioso de la lentitud en la toma de las decisiones y del excesivo peso de la jerarquía.
Una oportunidad: las energías renovables
Por su parte, Yoshiyuki Iwahashi, director del centro de promoción de negocios de Acció en Tokio, ha repasado la situación de la economía japonesa y el presente y expectativas de las empresas catalanas en el país. Iwahashi ha alabado la política económica del gobierno de Shinzo Abe y ha dado lo que para él son las claves para tener éxito en los negocios en Japón: trabajar bien, tener perseverancia y paciencia, y dar mucha importancia a la comunicación. Entre los sectores con más oportunidades a corto y medio plazo ha destacado las energías renovables.
También ha hablado del buen momento que viven las energías verdes en Japón José Ricardo Mañueco, de la oficina de Madrid de JETRO (Japan External Trade Organization). Este organismo oficial no sólo promueve las exportaciones japonesas sino que también ayuda a las empresas extranjeras que quieren hacer negocios en Japón.
Ha terminado las presentaciones Raul Rienda, de la empresa CONCOM, que ha explicado cómo están poniendo en marcha un proyecto de generación de energía fotovoltaica en Japón con la ayuda de Acció. Rienda ha destacado, con su experiencia concreta, la gran importancia del trabajo bien hecho, la paciencia y la comunicación personal para tener éxito a la hora de hacer negocios con japoneses.
En el turno de preguntas, ha habido una intervención de uno de los asistentes al acto que ha alabado Japón como el país más avanzado del mundo "en todo". A la hora de concretar, ha hablado de la limpieza ("no encontré un papel en el suelo en quince días") y la seguridad ciudadana, y ha pedido a Iwahashi que dijera qué podemos aprender de los japoneses. Con muy buen criterio, el delegado de Acció en Tokio ha dicho que podemos aprender la gran dedicación de tiempo de los japoneses a lo que les interesa, pero también ha querido aclarar que, en términos generales, la calidad de vida es superior aquí.

sábado, octubre 05, 2013

Cocina japonesa con Lékué




Ya nos ha llegado el excelente librito de recetas de cocina de Kioto de nuestra amiga Akiho Nishimura. Es una maravilla que tiene la particularidad de que todos los platos están cocinados con el estuche de vapor de Lékué. Japón es uno de los principales mercados de esta empresa catalana, lo que prueba la gran fiabilidad de sus productos, distribuidos allí por Coram.
Akiho es ya toda una personalidad en el campo de la popularización de la cocina de Kioto. Tiene el título de "Yasai Sommelier", es decir, es una experta en la elección y uso de hortalizas. Hace tiempo que es una entusiasta de los productos de Lékué, especialmente indicados para un tipo de cocina que tiene mucho cuidado de no dañar las cualidades originales de la materia prima.
Aquí tenéis la página web oficial de Akiho, su blog y varios vídeos de Youtube donde explica sus recetas.



Sepia con brotes de bambú, un ejemplo de receta de cocina de Kioto para preparar con el estuche de vapor de Lékué.

jueves, octubre 03, 2013

El sake intenta recuperarse


El consumo de sake en Japón se ha reducido a un tercio entre 1975 y 2011. De los 1.350.000 kilolitros de los años 70 se ha pasado a los 440.000 de la segunda década del siglo XXI. Así lo explicaba esta mañana en la emisora ​​de radio TBS el catedrático emérito de la Universidad de Tokio, Yoshio Tsukio.
La bajada del sake ha ido paralela al aumento del consumo de la cerveza y los vinos de importación. Estos últimos han aumentado las ventas de los 12.000 kilolitros de 1980 a los 180.000 de 2010.
Para tratar de invertir la tendencia o para compensarla, se han puesto en marcha diversas iniciativas, como la campaña pública Enjoy Kokushu (disfruta del sake japonés;) o el programa Nihonshu no tabi (el viaje del sake) de visitas a bodegas. Además, los productores llevan años intentando promover su producto en el extranjero de la mano del éxito de la comida japonesa. Desde el año 2000 hasta el 2010 las exportaciones subieron de los 7.400 a los 11.900 kilolitros.
Entre las iniciativas de los productores para hacer revivir el mundo del sake, Tsukio ha mencionado la apuesta por la alta calidad hecha por Asahi Shuzo, una empresa de la ciudad de Iwakuni, en la provincia de Yamagata. Su sake Dassai, hecho con el arroz más molido del mundo (la parte del grano que se usa para la elaboración del sake es un 23% del tamaño original), ha ganado concursos internacionales y es conocido ya por todos los aficionados .

miércoles, octubre 02, 2013

Los convini japoneses apuntan ahora a los ancianos

Contaba esta mañana en la radio un periodista del diario económico Nikkei que las grandes cadenas de convini (tiendas donde hay un poco de todo abiertas las veinticuatro horas) han comenzado a reorientar sus estrategias para captar a los ancianos, un segmento que no para de crecer en la población japonesa. Hasta ahora, el cliente principal de estas tiendas es la gente joven, soltera y que vive sola. No parece que vaya a dejar de ser así a corto plazo, pero ahora comienza una guerra entre tiendas para atraer y fidelizar a este otro grupo, que a menudo tiene dinero y unas necesidades de consumo específicas. Precisamente, con mucha gente mayor viviendo sola y con movilidad reducida, una parte importante de la estrategia es la mejora del servicio de entrega de la compra a domicilio. Además, para hacer más atractiva la entrada a las tiendas a aquellos ancianos que se lo puedan permitir, dicen que aumentarán el número de dependientes de edad.

jueves, junio 06, 2013

Omamori, de Richard MacGill

Tras más de una década en el armario, hace unas semanas empecé a leer Omamori, de Richard McGill. Y ahora que ya la he terminado, he de confesar que lo he pasado bien. La trama central de esta novela es la relación de dos familias, una familia americana y una japonesa, unidas por la producción y el comercio de la seda, durante la primera parte del siglo XX. No es una novela histórica, pero el contexto histórico tiene mucha importancia. Tiene muchos toques de folletín, pero se soportan fácilmente. Está bien escrita.

lunes, diciembre 10, 2012

La dura vida de la primera doctora japonesa



Esta novela de Junichi Watanabe es interesante para conocer la historia de la lucha de las mujeres japonesas para lograr la igualdad a finales de siglo XIX y principios del XX. Es la historia de Ginko, la primera japonesa que logró recibió el título oficial de doctora en medicina. Es interesante también para los que quieran leer sobre las duras condiciones de la colonización de Hokkaido. Como novela, sin embargo, deja con la sensación de que el autor se ha quedado a medio camino en su propósito de llegar al fondo de la personalidad de la protagonista.

Una buena novela del siglo XIX en Deshima, Nagasaki

Hace unas semanas cayó en mis manos Mil Otoños, una novela de David Mitchell de la que no tenía conocimiento. Y fue un hallazgo feliz. A añadir a la lista de buenos libros extranjeros que tienen la historia de Japón como tema o como trasfondo. En este caso se trata concretamente de los comienzos del siglo XIX y el marco geográfico es Deshima, la isla frente a Nagasaki en la que vivían confinados los holandeses, que fueron los únicos extranjeros autorizados a comerciar con Japón durante prácticamente la totalidad de la era de Edo (1603-1868). Más allá del interés que pueda tener para los que siempre queremos saber más sobre Japón, se trata de una novela bien construida y con personajes creíbles.

jueves, septiembre 20, 2012

Japón y China, historia de una enemistad


La manera más sencilla de resumir la milenaria historia de las relaciones entre China y Japón es recordar que China ha aportado muchas cosas positivas a Japón mientras que las aportaciones niponas a la historia china han sido menores y mayoritariamente negativas. O esta es, como mínimo, la interpretación contemporánea y popular del pasado en común de los dos países. No hay que olvidar que por algo el nombre de China significa, también en japonés, país del centro (Chugoku) y que Japón es solo el origen del sol, el país del sol naciente (Nihon). Esa centralidad china es geográfica –al este de Japón está el inmenso océano– y ha sido también cultural y económica durante la la mayor parte de la historia.
Japón es un país insular, un archipiélago fomado por miles de islas, pero su historia se desarrolla a partir de la mayor de las cuatro islas principales, Honshu. Ahí llegan desde el continente los primeros pobladores de raza mongólica y desde allí desplazan hacia al norte a los anteriores habitantes. Los recién llegados del continente traen costumbres que luego desarrollan para trasnformarlas en algo singular, diferenciado del original. Y esa será una constante a lo largo de la historia nipona. La escritura, la religión o muchas costumbres culinarias llegarán a Japón desde China para transformarse en algo distinto, japonés. Por eso los japoneses escriben con carácteres chinos, muchos de ellos profesan ramas chinas del budismo y comen habitualmente una gran cantidad de platos surgidos en China, pero la lengua japonesa tiene poco más que ver con la china que la grafía, la religiosidad japonesa no se entiende sin la aportación del sintoísmo, la religión autóctona, y prácticamente no hay plato chino que los japoneses no hayan transformado, según ellos para mejorarlo.
Las primeras referencias escritas a Japón se encuentran en China en el primer siglo de nuestra era. Hablan de la entrega de un sello por parte del emperador chino al representante de Wa –Japón- que se considera un reino vasallo. A partir de ahí se establece una relación donde el flujo es casi siempre de China hacia Japón. El archipiélago sigue desarrollándose a base de adaptar aspectos de la organización china, como la administración imperial centralizada, pero lo hace de forma independiente. Al mismo tiempo, adopta importantes aspectos culturales que le llegan del continente, entre ellos la escritura antes hacia el siglo V o el budismo a partir del siglo VII. Además, no dejará de mandar estudiantes al continente que volverán a su país con el hatillo repleto de ciencia, filosofía o literatura y tendrán una gran influencia en la vida cultural nipona. Es más que probable que ellos dejaran también alguna huella en la cultura China, pero esta fue poco profunda o se borró con el tiempo.
La primera guerra en la que se ven involucradas China y Japón en bandos rivales se produce en el siglo VII en el contexto de las luchas por la supremacía en la península de Corea. Sin embargo, este conflicto parece un anécdota con la perspectiva de los siglos.  A partir de entonces se establece una relación comercial y cultural fluida entre ambos países con algunos sustos importantes como los intentos de invasión de Japón desde el continente en el siglo XIII por parte de los mongoles. Trescientos años más tarde el intento de ocupación fue en sentido inverso, protagonizado por Toyotomi Hideyoshi, envalentonado después de haber logrado la unificación de Japón.
Siguieron más de dos siglos de reclusión japonesa bajo el régimen feudal de los Tokugawa. Durante este período los intercambios con China fueron mínimos. Pero Japón se despertó de su letargo en 1868 con la Revolución Meiji y se encontró con una China que estaba siendo saqueada por las potencias occidentales. Los líderes nipones se ocuparon primero de asegurar que podían garantizar la independencia de su país; y cuando se sintieron suficientemente fuertes se lanzaron a conquistar la parte de Asia que consideraban que les correspondía. Así llegó la anexión de Taiwán tras la primera guerra sinojaponesa de 1894, la ocupación de Manchuria en 1931 y la guerra de invasión total del país en 1937, tras el incidente de Mukden, del que ayer se conmemoró el 81 aniversario. 
Japón logró subyugar gran parte de China a base de hacer correr mucha sangre, y China forjó su nacionalismo contemporáneo en la resistencia antijaponesa. Terminó la guerra con una enorme herida abierta entre los dos países. En los años 70, las conveniencias estratégicas de Pekín y Tokio, provocadas por la Guerra Fría, hicieron posible el restablecimiento de relaciones y el inicio de una época de colaboración económica. Sin embargo, nunca se ha producido una reconciliación verdadera. Japón y China tienen una fuerte dependencia económica mútua, pero también una desconfianza muy difícil de superar.